El alcalde vigués tiene problemas para sentar a su mesa a los concejales de los otros grupos de la corporación. Después de un año de tensiones con la oposición popular y de roces con sus socios nacionalistas los ánimos no están para componendas. Lo demostró el Bloque la semana pasada y todavía ayer la líder de la oposición.
«¿Por qué no empieza por invitarnos a los actos relacionados con nuestra etapa de gobierno?», le espetó ayer la ex alcaldesa Corina Porro a un periodistas que le preguntó por esta cuestión. «Nos invita la parte nacionalista, pero nunca el alcalde, que tampoco habla ni dialoga con nostros. Por ahí tenía que empezar en lugar de montar comidas», zanjó Porro.
Inasequible al desaliento, más o menos a la misma hora Caballero aseguraba estar a la espera de que los grupos respondan a Carlos Font, edil socialista encargado de gestionar la asistencia de Bloque y PP a la comida, algo por ahora complicado.
Unos y otros reconocen que celebrar un encuentro de toda la corporación dejando de lado cuestiones políticas debería ser algo normal. Sin embargo, las relaciones en el seno del Concello vigués ni mucho menos pueden recibir ese calificativo y el culebrón de la comida es una buena muestra.
Otros datos que nadie niega son la falta de comunicación entre Caballero y Domínguez, alcalde y teniente de alcalde, y el bloqueo de los contactos del regidor con su antecesora, con la que ha hablado una vez en una año. Por tanto, el menú seguirá esperando en el horno un momento más adecuado.