Las flores le ganaron la batalla a la lluvia

Rosa Espinosa redac.vigo@lavoz.es

VIGO

Ya nos estábamos temiendo otra suspensión de evento primaveral al aire libre por culpa de la pertinaz ausencia de sequía, pero la lluvia nos dejó ver el sol ayer, y la Batalla de Flores pudo desarrollarse como estaba previsto. ¿Y qué estaba previsto? Pues, por ejemplo, que la caravana de animación circulase en esta ocasión desde la calle Venezuela a la praza de América por la avenida de Camelias. ¿Y por qué? Porque las obras que tienen medio levantado García Barbón y Policarpo Sanz no aconsejaban el paso del evento. Por otra parte, también estaba previsto que la temática a la que iba dedicado este año el desfile fuesen las frutas y las hortalizas, por lo que a la comitiva le sobraban motivos en forma de berza, acelga, calabaza, pepino, piña, fresa y limón. De todo había, aunque lo que escasea son las cerezas (de Beade). Lo más curioso de la Batalla de Flores es que no hay flores. La Batalla de Flores, una antigua cita popular viguesa recuperada por la concejalía de Festas hace cuatro años, volvió a llenar de ambiente festivo la calle, con carrozas, serpentinas, grupos de animadores, charangas, confeti y serpentinas. De flores, nada. En la Batalla de Flores, no hay flores (son muy caras y demasiado hermosas para morir así, en una guerra sin sentido). Antes sí que se tiraban pétalos en este espectáculo que solía desarrollarse en pleno verano.

Recuerda el periodista y adicto a la historia de Vigo Gerardo González Martín, que esta fiesta empezó en 1892 impulsada por el Gimnasio, una sociedad recreativa que también promocionaba deportes, y se instalaron puestos de flores llegados de toda Galicia y hasta de Portugal. Las crónicas de la época reflejaron el evento como algo espectacular, con los balcones engalanados y llenos de gente, la calle abarrotada y dos bandas de música, la Municipal y la del Regimiento de Murcia, amenizando el festejo. Igualito que ahora. Es precisamente la escasez de música en directo lo que más desluce el desfile. Los grupos con música se cuentan con los dedos de la mano manca del capitán Garfio y la música enlatada que llevan las carrozas suena a lata, como no podía ser de otra manera. Premios. En aquellas ediciones primigenias no sólo se premiaban las carrozas adornadas, sino también coches de caballos, automóviles y hasta bicicletas. Ahora no hay premios. Es solamente una excusa lúdica que no tiene mucho sentido. Los niños lo pasan bien, aunque preguntan cosas como: ¿En qué carroza va Baltasar? o ¿cuando van a tirar los caramelos? Apuestas. La batalla floral de 1892 entusiasmó y siguió muchos años, hasta los 30, con escasas interrupciones. Con la Guerra Civil desapareció y volvió en los 40, pero duró poco. En los 60 la volvieron a recuperar y el último intento es en el que nos encontramos. Se admiten apuestas sobre su permanencia.