Los microbuses llegan por fin a las puertas del colegio

VIGO

El Concello de Redondela mejora, tras 20 años de quejas, los accesos de Quintela

16 abr 2008 . Actualizado a las 11:29 h.

Veinte años no es nada, dice el tango. Es el tiempo que han tenido que esperar el profesor José Somoza, del colegio Quintela de Redondela, para ver hechas unas obras que reclamó con urgencia cuando era un novato en el centro. Los padres de los alumnos, los principales beneficiarios, no han tenido que aguardar tanto porque sus hijos, los escolares que se jugaban el tipo en el año 1988, ya han acabado la carrera.

Durante lustros el acceso al colegio ha supuesto un entrenamiento propio de Juanito Oyarzábal. La estrechez del camino hacía que los estudiantes tuviesen que bajarse del microbús y emprender un duro ascenso hasta el otero donde se ubica el centro educativo.

El vial era estrecho, carecía de aceras y la pendiente era terriblemente pronunciada. Los profesores necesitaban más ojos que un cíclope para garantizar la seguridad de los estudiantes. Mientras los alumnos iban en rigurosa fila india, los vigilantes de los autobuses tenían que estar atento para que los coches no se llevasen por delante a los niños. La situación se complicaba los días de aguacero. Por la ladera del monte bajaban ríos de agua embarrada que hacía que los alumnos tuviesen que circular por la carretera evitando orillarse para sortear los riachuelos.

Pero esta imagen tercermundista ya sólo pertenece a los archivos fotográficos. La presión de la asociación de padres de alumnos y la buena disposición del concejal de Obras y Servicios, Manuel Iglesias Carrera, terminó dando sus resultados.

A mediados de febrero el Ayuntamiento puso en marcha el plan de obras. Para ensanchar el camino hacía falta que la propietaria de una finca lindante cediese parte de sus terrenos. Carmen Tomé Balado quería que, a cambio de la cesión, el Ayuntamiento le cerrase la finca. Tras muchas conversaciones llegaron a un acuerdo. Carmen renunció a una superficie de unos 200 metros cuadrados, una tira de cinco metros de ancho por cuarenta de largo. Gracias a la cesión el camino se ensanchó y los microbuses pudieron maniobrar en la curva y ascender la cuesta hasta la puertas del colegio.

Los padres están muy contentos y respiran tranquilos. Ya no temen que sus hijos sean atropellados. «Estamos muy satisfechos y con las obras ha aumentado el número de peticiones de matrícula para el curso que viene. Había muchos padres que llevaban a sus hijos a otros colegios por las dificultades de acceso al nuestro», asegura la directora.

El centro de infantil y primaria tiene 95 alumnos y ha recibido 16 peticiones de ingresos para el próximo año.

Las obras se terminaron un día antes de las elecciones generales. Ahora sólo queda que Unión Fenosa desplace el poste de luz que ha quedado en medio.