Adiós a Lozano y a Dujshebaev

Soledad Antón soledad.anton@lavoz.es

VIGO

17 ene 2008 . Actualizado a las 17:41 h.

Qué tendrá el Balneario de Mondariz que tantas querencias concita. Basta con apuntarse a unas sesiones de chorros y masaje o a un circuito (a poder ser nocturno) por el Palacio del agua para toparse de bruces con la persona que menos se espera. Es lo que le pasó esta semana a alguna asidua que, después de coincidir dos días seguidos en la antesala de los chorros con Carlos Lozano, todavía está hiperventilando.

Le pido que se calme y que me lo cuente todo despacio, pero no atiende a razones. «Tú es que no le has visto en albornoz», es todo lo que acierta a balbucear. Total, que no me ha quedado más remedio que acudir a fuentes menos impresionables y siempre profesionales. Es así como Amalia Gallego me confirma que sí, que eligió el Balneario para recargar pilas, antes de enfrentarse el lunes a su nuevo reto. Vuelve el Qué apostamos, aquel concurso en el que tanto se duchó Ana Obregón, esta vez con Carlos Lozano en el papel de Ramón García.

Además de someterse a diferentes tratamientos, entre ellos una ultrahidratación facial para lucir mejor ante las cámaras, masajes craneales para olvidarse del estrés, aerosoles para mitigar el catarro y mejorar la voz... se machacó sin miramientos en el gimnasio.

Tuvieron tiempo Carlos y su amigo (porque vino con un amigo para mayor encantamiento de la hiperventilante) de hacer excursiones a Vigo y a Baiona y ponerse hasta las cejas de marisco, todo ello en escenarios de sobra conocidos. Porque Carlos es un asiduo de estos lares. De hecho fue un diseñador redondelano, Gene Cabaleiro, el que le abrió allá por los 80 las puertas de las pasarelas de Milán, París o Nueva York. Recuerda que fue en esas visitas a Vigo cuando descubrió las Cíes, a las que vuelve siempre que puede. Chico listo.

En realidad los siguientes, porque son varios los que toman el relevo de Carlos Lozano en el Balneario de Mondariz. Que se sepa José Mota y Luis Cobos. El cómico, que acaba de ser padre, llegará con toda la familia. Quiere desconectar después de un duro año de trabajo en el que, por no faltar, no ha faltado ni el teatro ni el agite, creativo más que nada, que supone preparar un especial como el de Fin de Año.

En cuanto al músico, que también viene muy bien acompañado, igual encuentra sin proponérselo inspiración para un próximo disco. Por entorno apacible, natural y silencioso que no sea.

Otro que anda estos días por Vigo de vacaciones es Rogerio Vagner, aquel centrocampista que tantas tardes de gloria (y alguna de las otras) vivió con el Celta. Ahora se dedica a sus negocios en Brasil. «He cambiado el balón por la calculadora», contaba ayer a los periodistas que, de purita casualidad, se toparon con él en la sede social del Celta.

Lo de la calculadora no es para sumar reales o dólares (al menos no sólo) sino metros y, llegado el caso, hasta kilómetros de tierra, que es lo que al parecer vende y compra. No dio muchos datos sobre su presencia en la casa celeste. «Vine a ver a Atilano que tenía que darme un sobre», dijo. ¿Será que después de tres años aún le debía dinero el Celta? ¿Será que Atilano quiere invertir en Brasil? ¿Será que ya que anda por Vigo se pidió unas entradas para el próximo partido? ¿O no será ninguna de las tres cosas?

Sigo en clave deportiva. Me cuentan que el pasado fin de semana Talant Dujshebaev, el segundo mejor jugador del siglo XX de balonmano y ahora entrenador del Ciudad Real que va como un tiro en la liga, tuvo que renunciar a tomarse una copa en compañía de unos amigos en una discoteca de la calle Pontevedra. «No admitimos a menores de 25 ni a extranjeros», le espetó el ignorante portero. Cuando alguien le explicó a quién estaba negando el paso ya fue tarde. Talant se había dado la vuelta educadamente. Y la discoteca había perdido algo más que un cliente.