Hay cientos de miles. Y hubo muchos más cientos de miles en los años 30, 40, 50 y 60 del siglo pasado. El puerto de Vigo fue escenario de aquellas partidas masivas (y dolorosas). Ahora están regresando sus nietos. Lo hacen en avión, pero es casi la única diferencia, porque la realidad con la que se dan de bruces tampoco es de color de rosa.
Desde Fillos do mundo, la Federación de Asociaciones de Inmigrantes, vienen trabajando sin pausa para sensibilizar a la sociedad sobre la necesidad de aprender a convivir juntos y revueltos. Con tal motivo han puesto en marcha la campaña Os novos veciños, con una frenética actividad sobre todo en O Calvario.
Ayer se dio un paso más en esa campaña. Fue con la apertura de la muestra Galegos polo mundo (Cruz blanca, 5). A través de una veintena de grandes fotografías el espectador puede hacerse una idea bien aproximada del desgarro que supuso para los gallegos el drama de la emigración. Ni que decir tiene que Lois Pérez Leira fue uno de los que no se perdió la cita. «Está mal que yo lo diga, pero tengo uno de los mejores archivos de la emigración», afirma este vigués criado en Argentina. Las últimas fotografías que ha incorporado a ese archivo las encontró en Buenos Aires, aunque dice que donde hay verdaderas joyas es en las aldeas.
Tampoco faltaron a la cita representantes de las asociaciones de argentinos, brasileños, paraguayos, bolivianos, chilenos, senegaleses, rumanos y cubanos. Y prestando la voz a todos ellos Tomás Álvarez Cancio, secretario de la Federación quien, al igual que Leira, subrayó que Galicia no puede olvidar que un día fue tierra de partida. Hoy lo que toca es recibir. Pues eso.
Viene a ser, en síntesis, la filosofía con la que el pasado año nació la Subida ao Castro y a la que, a la vista de los apoyos que ha concitado éste, auguro un futuro cierto. Lo que le hubira gustado a Marta Alfageme, madre de la criatura, comprobar que su idea cogía carrerilla. Por esas cosas de la vida (injustas) apenas tuvo tiempo de saborear los resultados de su iniciativa.
Pensaba Marta (y pensaba bien) que es mejor aliarse con el enemigo que vivir en un permanente enfrentamiento. Máxime si ese enemigo es, como en este caso, una seña de identidad de la ciudad. Las cuestas son más viguesas que el olivo, así es que lo que hizo desde su empresa de comunicación fue estrujarse las meninges hasta dar con una solución que permitiera ponerlas en valor.
Y eso viene a ser a la postre la Subida ao Castro, una apuesta por las cuestas. Porque otra cosa no, pero desde el Náutico hasta la cima del monte cuestas hay un rato, algunas en forma de escarela para mayor fustigue del caminante.
Como de lo que se trata es de disfrutar (dentro de lo posible) de la caminata, puede participar todo el mundo. La carrera saldrá a las 12 del domingo desde el Náutico. El año pasado Marcial Rodríguez invirtió 6 minutos y 48 segundos en marcarse los 1.800 metros del recorrido. El tiempo tendrá que ser necesariamente mayor éste, ya que la distancia a cubrir también se ha incrementado en 600 metros. Uff.
No se rompió mucho la cabeza Nelson Villalobos a la hora de elegir título para la exposición que inauguró ayer en la Casa das Artes. En total 45 obras en las que Vigo se convierte en protagonista principal. Eso sí, hay que aprender a contemplar tan particular recorrido urbano con los ojos con los que lo hace el artista cubano. Dice éste que lo que ha buscado, entre otras cosas, es sorprender. Que sepa que lo ha conseguido, así es que prueba superada.