Juan Oliveira fue y es el rey del caballo. Sus esculturas, paralizando el movimiento de los equinos, están situadas por diversas localidades, aunque en Vigo logró fijar su conjunto más monumental. Incluso, en 1997, logró que le encargará la mismísima Casa Real de Jordania, el trofeo del campeonato de hípica del país árabe. Naturalmente, el motivo era un caballo, que primero talló en cera y después pasó a bronce.
Juan Oliveira era natural de Tui, y en su ciudad natal también dejó las huellas de sus cuadrúpedos. En los jardines de Troncoso, dos caballos rampantes representan la libertad en la que viven los caballos salvajes gallegos. Este animal vivió ajeno al mundo del arte en Galicia, hasta que Juan Oliveira decidió que merecía entrar en este lugar. Hay que recordar que en Galicia hay más caballos que vacas, y sin embargo, es un animal bastante olvidado.
Como en el resto de sus trabajos, el escultor tudense trabaja el bronce con gran habilidad y detalle. Sus figuras están dotadas siempre de un enorme dinamismo, basado en la posición de las patas y en los escorzos que ofrecen estas figuras. Juan Oliveira fallecidó en abril del 2002, dejando un enorme vació en la escultura gallega.