Una escuela taller rehabilita edificios de un pazo del XVIII

VIGO

El 70% de los alumnos redondelanos encontrará empleo al terminar

04 oct 2007 . Actualizado a las 11:46 h.

Claudia Sanginetti, brasileña nacionalizada española y vecina de Redondela desde hace muchos años, limpia los adoquines del nuevo camino que acaban de trazar en la finca que perteneció en su día al pazo de Pousadouro, y que hoy está segregada del antiguo palacete construido en 1711.

Claudia es aprendiz de albañil y está contratada por la escuela taller financiada por la Xunta y el Ayuntamiento. Las dos instituciones van a invertir más de 800.000 euros en la recuperación de dos antiguos edificios perteneciente en su época al palacete dieciochesco. Se trata de un antiguo almacén y una torre que está situada en la misma finca. En el espacioso terreno que media entre ambos inmuebles se plantarán árboles y césped.

Treinta y dos desempleados se forman como albañiles, carpinteros y jardineros en la reconstrucción de estos edificios que tiene que estar terminados el 25 de diciembre de este año. De los 32 hay nueve que se dedican a los jardines, doce son albañiles, y el resto se encargan de la carpintería de madera.

Más detallistas

Las obras de restauración empezaron en junio del 2005, fecha en la que contrataron a la primera tanda de parados que finalizaron sus contratos un año después. En diciembre del año 2006 entró la segunda remesa de aprendices. Cobran en torno a mil euros y, cuando acaben en diciembre, tendrán que enfrentarse al mundo laboral real, mucho más duro que el que tiene ahora. No obstante, poniendo adoquines, el marroquí Hashanne Baati, que lleva 20 años viviendo en Redondela, confía en que la vaya mejor como obrero de la construcción que con el comercio.

El 70% de los alumnos de las escuelas taller de la Xunta logran empleo, según afirma Pedro Borrajo, delegado provincial de la consellería de Traballo, que añade que la rehabilitación del pazo es una «excusa» para que los alumnos se formen y consigan trabajo.

El aprendizaje se realiza bajo la supervisión de capataces como Antonio Castro, un veterano del andamio que se muestra satisfecho del trabajo que están realizando las personas bajo sus órdenes. Castro dice que los empresarios son reacios a contratar mujeres albañiles pero estas «son máis perfeccionistas» y realizan mejor el trabajo de detalle que los hombres, más preocupados por la cantidad de ladrillo que colocan que de cómo lo hacen.

En lo que fue un antiguo almacén luce ahora una nuevo tejado y dentro de poco tendrá estanterías y nuevas ventanas que las carpinteras como Marisa afinan con sus cepillos.

Otras alumnas rastrillan la arena para plantar las semillas de césped que tendrá que crecer en otoño con las lluvias.

Al final, todo el complejo se dedicará a cursos de formación ocupacionales y las dependencias contarán con un pequeño auditorio, según pone de relieve el alcalde de Redondela.