La Subdelegación del Gobierno constata la relación directa que existe entre las redes de explotación sexual y la inmigración ilegal.
En ocasiones los locales burlan la legalidad cambiando constantemente de nombre, como ha sucedido en un local de Mos situado en una famosa curva de la autovía O Porriño-Vigo. Otras veces los establecimientos cambian con frecuencia de trabajadoras para evitar el control.
La asociación feminista Alecrín calculaba que el pasado año había en Galicia unos cuatrocientos clubes en los que trabajarían ocho mil mujeres. A la situación degradante que ya de por sí significa la prostitución se viene a añadir la mayoría de las veces el régimen de esclavitud al que se ven sometidas la mayoría de las mujeres.
La ilegalidad en la que se mueven los contratos contribuye siempre a atemorizarlas y a mantenerlas en un callejón sin salida.