La Mirilla
28 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.En este caso en la de los felices jubilados-jubilosos. Después de no sé cuántos trienios, Gerardo González Martín echó anoche el cierre a una más que prolífica vida profesional. Desde hoy, el periodista y escritor será uno de esos afortunados dueños de su tiempo que, conociéndole, va llenar sin dificultad. Sin ir más lejos, ya está pensando en dar un empujón a sus tareas de ratón de biblioteca, esas que luego, en forma de libros, nos han contagiado, a través de la historia más reciente de la ciudad, el orgullo de ejercer de vigués. Que no es más que uno de tantos ejercicios como ha hecho en sus primeros 65 años de vida. Porque lo de nacer en Ávila un frío día de invierno del 42 no fue más que una casualidad. La primera piedra En el ámbito profesional la puso con apenas 17 años en Diario Palentino. Hacía triplete, porque también publicaba algunos reportajes en Libertad de Valladolid y, para completar la jornada, estudiaba Periodismo y Magisterio. Enseguida descubrió que lo suyo no eran las aulas y dedicó al primero todas sus energías. Siguió los caminos que podían seguir los periodistas inquietos en sus inicios, picando acá, allá y acullá. Tocó todos los palos, incluido el cuadro de actores de Radio Juventud. Pero estaba escrito que su puerto de atraque tenía que ser Vigo y aquí recaló el 1 de febrero de 1962, justo el día de su 20 cumpleaños. Gracias a Manuel Cerezales, periodista gallego casado por entonces con Carmen Laforet, se hacía su primer hueco en plantilla. No tiene líneas suficientes esta sección sólo para mencionar los nombres de los medios por los que pasó. Con La Voz empezó a colaborar allá por 1979, justo el mismo año que entraba en política. Porque también ese palo tocó más de una vez. La primera con Adolfo Suárez en La Moncloa. Memoria de Vigo Además de ser el título de una de las secciones más seguidas que firmó durante meses en La Voz, y por la que obtuvo el premio Luis Taboada, la frase define también a Gerardo. Tanto se ha entregado a estudiar quiénes fueron y cómo vivían los vigueses de finales del XIX y principios del XX, que seguro que muy pocas personas almacenan tantos datos en el disco duro de su cerebro. Aún no se ha ido y algunos ya estamos empezando a echarle de menos en esa faceta. Porque es cierto que Google saca de muchos apuros, pero no hay color en según qué cosas relacionadas con Vigo. Menos mal que ha prometido dejar un canal abierto. Una servidora enseguida le ha tomado la palabra. Pues eso, que hoy es el primer día de la nueva vida de Gerardo, que ya anticipo que pronto volverá a asomarse a periódicos y emisoras de radio porque está a punto de presentar en sociedad el que será su libro número once sobre la historia de Vigo, amén de que ya ha iniciado la cuenta atrás de otra publicación en gallego, en este caso sobre la histoira del ciclismo en la comunidad. En definitiva que no le va a quedar tiempo en su agenda para lo las tradicionales obras, esas a las que dice la leyenda urbana que los jubilados dedican la mitad de su jornada. Lo bueno de que no vaya a ejercer de asesor de encargados de obra, es que podrá hacerlo de abuelo con mayor dedicación. Tiene seis (nietos, digo), la última, Xiana, recién llegada (el 23-F). Pues sí, Gerado se despidió ayer de sus oyentes de Radio Voz y colgó los auriculares. Lo que dudo es que sea para siempre. Porque el hormiguillo es el hormiguillo. Pues eso.