La Mirilla
12 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.Embobados siguieron ayer en Baiona los alumnos de Primaria todo lo que contaba Óscar Pereiro sobre el mundo del ciclismo. Fue en el colegio público de Sabarís, al que acudió invitado por Urbano Leirós, el profesor de gimnasia. El ganador moral del último Tour (vamos a suponer que en breve lo será también oficial) les habló de sus comienzos, de que tenía once años cuando empezó a darle fuerte la fiebre del pedaleo y de que a los quince tuvo su primera bici de carreras. Le costó (a su padre, claro) 31.000 pesetas. Nada que ver con los 7.000 euros que cuestan las que monta ahora. Por cierto, hablando de su padre, contó Óscar que tenía la buena costumbre de no hacerle ni el más leve reproche si no ganaba. Ni que decir tiene que cuando subió por primera vez a un podium hubo fiesta rachada. El auditorio, que seguía la charla sin pestañear, esperaba impacientemente que acabara Pereiro su charla para acribillarle a preguntas. Que si cuántas horas entrena, que si cuántos kilómetros tiene el recorrido del Tour, que si cuánto se gana... Contagiados de tanta inquietud infantil, también se animaron a preguntar algunos profesores. ¿Qué es más duro, el Aloia o el Tourmalet?, inquirió uno. Así es como todos descubrieron que, en cuestión de dureza, el Aloia no tiene nada que envidiar a la mítima cumbre pirenaica. Comparativamente, se entiende. «Si el Aloia tuviera 20 kilómetros más sería incluso más duro», sentenció Pereiro. Sin saberlo, Óscar me ha quitado un gran peso de encima, porque la primera vez que lo subí a pinrel llegué a la cima sin respiración. Vaya por delante que quiero hablar de dos personas distintas. La primera es, claro, Lucía Molares. Los que tienen oportunidad de entrevistarse con ella en su despacho, lo primero que les llama la atención es que su mesa está llena de cajas de tarjetas. Todas tienen en común que las encabeza su nombre, pero una línea más abajo, en el epígrafe «cargo», impera la variedad, según actúe en ese momento como responsable de Promoción Económica, de Comercio, de Turismo, de Deportes... y así hasta siete. Sabíamos que, en efecto, Lucía es casi concejala para todo, pero nunca nos la habíamos imaginado supultada por miles de tarjetas, como bien contó graficamente el pasado sábado en Castrelos Marita Vázquez de la Cruz durante la entrega de galardones a las Galegas Destacadas. Pero lo más sorprendente es que, según narró también Marita, a Molares aún le queda tiempo para estudiar Derecho. Y lo que es mejor, con buenas notas. A la concejala, que estaba presente, se le subieron los colores. No fueron precisamente los colores lo que se le subió a Corina Porro (entre otras asistentes) cuando, en el mismo acto, y estando en el uso de la palabra la citada portavoz de Diálogos 90, agradeció el glamur (literal) que el Concello le da al acto desde hace unos años. En cuanto a lo de artista multidisciplinar, va por Puri del Palacio. La pintora, no sólo es una de las asiduas en las Galegas Destacadas en su calidad de integrante de la asociación que concede los premios, sino que es la encargada de diseñar los galardones. A mayor abundamiento, baila sevillanas casi como Sara Baras y es una de las voces de la coral Casablanca. Esta era la faceta que la tenía preocupada el sábado. El frío estaba haciendo mella en su garganta y no sabía si estaría a la altura de las circunstancias horas más tarde, en el recital que daban junto a la Joven Orquesta. «Que a nuestro lado aún va a parecer más joven», ironizaba. Seguro que sí, le dije, pero que te quiten lo bailao. Y nunca mejor dicho. Ojito, ojito Ya saben, hoy es martes y 13. En estos casos no sé que escapatoria tienen los supersticiosos. Lo único que se me ocurre es que toquen madera de buena mañana.