La Mirilla
15 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.Pocos profesionales, sean del palo que sean, viven con tanta intensidad lo que hacen como Chus Lago. Ya he contado en otras ocasiones que en el diccionario de esta menuda mujer no existe la palabra rendirse. Ahora sé que también ignora lo que significa imposible. Con el entusiasmo y la pasión que desborda cada vez que habla de sus proyectos (más bien retos dificilísimos), me contaba el pasado fin de semana, mientras dábamos cuenta un agradable desayuno, que la inminente expedición a Groenlandia, paso previo para el desafío que será pisar el Polo Sur, la tiene ocupada 25 horas al día. Sin darle le menor importancia, me dice que una parte del tiempo se la lleva la lectura. Hasta aquí, todo normal. Pero es que lo último que ha leído son tres libros en inglés, que también sería normal si dominara el idioma. Pero no sólo no lo domina, sino que, según confiesa, apenas chapurrea unas pocas frases hechas, «las justas para moverme por los aeropuertos o los campamentos base». ¿Qué es lo que provocó entonces que, armada de diccionario, se haya devorado los diarios de tres conocidos exploradores? Pues algo tan sencillo como saber qué impulsaba a Amundsen (el primero en tocar el Polo Sur), el capitán Adrien de Guerlache o el doctor Cook a acometer expediciones tan arriesgadas. El hecho de que ninguno de los diarios citados haya sido traducido al español, lejos de frenar a Chus, le sirvió para marcarse un nuevo reto. De las tres narraciones ha sacado muchas enseñanzas, pero confiesa que «el mayor descubrimiento ha sido constatar que no nos diferenciamos tanto. El que es aventurero tiene que vivir aventuras; le pueden tocar las circunstancias de cada época, pero el punto de partida es el mismo. Luego están las personas que se dedican a desear las cosas, pero que nunca pasan a la acción», sostiene. Está claro que éste último no es su caso. Pedaleo por tierras de O Condado No hay prueba cicloturista en España que tenga tanto predicamento como la del requesón de As Neves, en la que lo de menos son los inexistentes premios. Lo que prima es disfrutar de una jornada lúdico-deportiva en la que siempre se hacen amigos. Baste decir que los que menos tardaron, emplearon más de tres horas y media en recorrer los 34 kilómetros que separaban la línea de salida de la de meta. Bueno, pues ni así se atrevió Santiago Domínguez Olveira a subirse a la bici. Prefirió hacer el recorrido a bordo del todoterreno que precedía a la marcha. «No tengo el cuerpo para subir tantos repechos», confesó. Tan atípica es la prueba que el avituallamiento se hace con cuchillo y tenedor. Y nada de alimentos y bebidas energéticas. No, el menú incluye empanada, caldo bien calentito, albariño de la zona y requesón con miel. Semejante tentempié propició fuerzas no sólo para pedalear, sino también para plantar 500 carballos en una zona de pinar arrasada por las llamas que asolaron media Galicia el pasado verano. Lo dicho, una carrera atípica que no para de ganar adeptos. Sanador de dolores Son dos de las tareas que tiene encomendadas San Mauro, el santo más milagrero de Matamá, donde se le profesa especial devoción. Como cada 15 de enero, ayer abrió la nómina de romerías de la ciudad. Los incondicionales, que no son pocos, no se perdieron la procesión. Los unos, para pedir que les mantenga a salvo de reumas, migrañas y otros males; los otros para pedir que se los alivie. San Mauro vivió en el siglo VI y fue discípulo de San Benito.