Armada y peligrosa

VIGO

IN VICUS | O |

11 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Cinco de la mañana, suena el despertador. Como una autómata me levanto de la cama y me dirijo al cuarto de baño. Una ducha templada y un desayuno consistente logran hacerme salir de las tinieblas nocturnas antes de llamar al taxi que me llevará al aeropuerto. Recojo mi bolso temiendo que, a pesar de haberlo revisado, al menos quinientas veces, me cause problemas. Me pongo bajo el brazo el portafolios dudando si el acta de la reunión de la mañana constituirá una traba para poder viajar y con ambos artefactos me dirijo a la calle. Tras veinte minutos de circulación en una ciudad que se despereza llego a Peinador. Me coloco en la larga hilera de pasajeros que tienen que superar el control de seguridad para embarcar y observo cómo se despoja a mis futuros compañeros de vuelo de todo lo que llevan encima. Fuera relojes de pulsera, joyas, cinturones, monedas, llaves, calzado con adornos metálicos, etc. Poco a poco el procedimiento se complica cuando los responsables de seguridad empiezan a sacar todo tipo de envases con líquidos. Repaso mentalmente lo que he introducido en el bolso y el nerviosismo se adueña de mí:, pañuelos de papel, cepillo y pasta de dientes, seda dental, un frasquito de perfume, pintalabios, una toallita refrescante¿ lo necesario para pasar todo el día en Madrid, de reunión en reunión. No resisto la tentación de escarbar en el bolso. La paranoia se apodera de mí. Empiezo a elucubrar que entre el cepillo, la pasta y la seda se podría montar un artilugio explosivo al mejor estilo McGiver y mezclando los pañuelos de papel y la colonia preparar una bomba de humo. ¡Vaya! ¡Al final va a ser cierto que voy armada y soy peligrosa!