Una generación

GERARDO GONZÁLEZ MARTÍN

VIGO

FUE excelente la cosecha de periodistas locales de los primeros sesenta en Vigo. En lo inmediato habían abierto el camino profesionales como Pedro Rodríguez, José María Signo o Francisco Pablos. En seguida, Juan Ramón Díaz, Cuco Cerecedo, Gustavo Luca de Tena, Segundo Mariño, Mari Carmen Parada, Xosé Francisco Armesto y algunos otros elevaron el periodismo local a un nivel difícilmente repetible. Trabajé con algunos y conviví con todos, en un tiempo en que la dura competencia de cada día terminaba con una copa en el Goya de Rubén o en cualquier antro que cerrara de madrugada. Al poco arrimaron el hombro Rodrigo Varela, Luis Pita, José Luis Muñoz Portabales, Joaquín Rolland, Juan Francisco M. Herrera y varios más. Eran jóvenes, algunos escandalosamente jóvenes, cuando fuimos enterrando a Pedro, al que algunos colegas vimos la muerte en el semblante pocos días antes de fallecer, y después a Cuco, Pita, Mariño, Signo... El último ha sido Josito Armesto Faginas, eternamente reconocido a lo que había sembrado en él su profesor Xesús Alonso Montero. Fue extraordinariamente generoso y tan trabajador como brillante escritor e investigador. De sus libros el público recuerda los dedicados a Cunqueiro, pero yo me quedo con sus trabajos sobre la historia viguesa y dos inéditos, no sé si inacabados, que adivino excelentes: un estudio sobre Elduayen, el primero que mereció una estatua de los vigueses, y una biografía de Fraga. Ha muerto otro periodista de raza, de aquellos jóvenes de hace más de cuatro décadas, cargados de ilusión por cambiar el mundo, que bastante conseguimos con sobrevivir a un mandato de Rafael J. Portanet. Armesto, que estaba preparado para ello, sabrá ahora si Dios escribe rectos renglones y le ha acogido a su diestra.