ANTÍPODAS | O |
07 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.NO sé cuál es el motivo de que Vigo resulte vapuleada en los presupuestos, sean del Estado o de la Xunta, con pertinacia. Pero tengo por seguro que esta ciudad no figura en solitario en la lista de agraviados. Aún diría más, que la nómina de urbes beneficiadas por el maná presunto que es el dinero de todos, lleva menos nombres que la otra, la que componen las Vigos de España. Son muchas las ciudades grandes, medianas, pequeñas, que se quedan a dos velas. Estos años le está tocando la china a Madrid. El gobierno central ha decidido castigarla y las inversiones del Estado bajan como deben de estar haciendo ahora los termómetros en el Ártico. Y quien dice ciudades, dice regiones, porque hay autonomías, como saben, que se llevan la parte del león y otras, los despojos, si quedan. Siempre fue así, y ahora más. Las razones de tales desniveles no parecen otras que la presión política, el favoritismo, el clientelismo y el chantaje. Y esta última es la peor. Consiste en retirar el chorro de la inversión a quienes se han dotado de un gobierno del partido rival. Aunque también puede ocurrir tal cosa entre administraciones del mismo color por enemistades internas, que son las más enconadas. Pues eso: se priva de fondos al adversario y a ver cómo se las arregla. Se le quitan obras previstas, y que se fastidie. El mensaje al electorado se insinúa o se proclama sin pudor: si nos votan, abrimos el grifo, y si no, a pan y agua. Ninguna de las prácticas citadas pasa el examen de ética, pero esto de chantajear con los presupuestos lleva una carga extra de malignidad. Una cosa es favorecer a los amigos y otra, la deliberada decisión de hacer daño.