Restos de vida en el planeta rojo

Javier Presas VIGO

VIGO

JORGE PÉREZ

El biólogo gallego Alfonso Fernández Davila pretende demostrar junto a su equipo de trabajo la existencia de bacterias en Marte hace cuatro mil millones de años

27 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Dicen que Marte, hace millones de años, quizás demasiados como para ser recordado por la memoria, era un planeta cálido y húmedo. Así, cuando la Tierra estaba lejos de sentir la planta humana sobre su superficie, unas diminutas bacterias dejaron su rastro de vida en el planeta rojo. O al menos esto creen en California, en uno de los centros de investigación de la NASA. Allí, desde comienzos de año, trabaja Alfonso Fernández Davila, gallego de 28 años y doctorado en Geoquímica por la Universidad de Múnich. «Hace unos 4.000 millones de años el clima en Marte era diferente; más cálido. Bueno, al menos como la Antártida o el Ártico. Lo suficiente como para que se desarrollase la vida», comenta Alfonso. Mil millones de años después algo sucedió en el planeta que provocó un cambio en el clima haciéndolo más frío y seco. La vida, entonces, desapareció de su superficie y el agua pasó de estado líquido a sólido. Ahora, el equipo de trabajo de Alfonso trata de recuperar las huellas vitales que, en su expresión más simple, puedan haber persistido sobre la superficie de Marte. «La vida se agrupa en torno a tres organismos, de menos a más complejos: arqueas, bacterias y eucariotas. Lo que nosotros buscamos en Marte son restos de unas bacterias específicas», explica Alfonso. Supervivencia del bacilo Esa bacteria tan específica recibe el nombre de magnetotáctica. Se trata de bacilos que se orientan en función del campo magnético del planeta. «El tipo de bacterias que estudiamos sintetizan unos cristales de magnetita, que es un óxido de hierro», recuerda Alfonso. Así pues, estas células guardan en su interior una serie de cristales organizados en forma de cadena que hacen que el campo magnético del planeta conduzca al bacilo hacia la tierra, su hábitat natural. «Estas bacterias viven en ambientes donde la concentración de oxígeno es casi nula. El oxígeno que puedan encontrar en el agua o en la atmósfera es tóxico; la concentración es demasiado alta. Por eso los cristales magnéticos las impulsan hacia tierra: para que sobrevivan», describe Davila. Así, millones de siglos después de que las bacterias magnetotácticas viviesen en Marte, el equipo de investigación de Alfonso pretende localizar sobre la superficie del planeta los restos de diminutas cadenas de cristales que hayan podido persistir. No obstante, primero deben demostrar la existencia del bacilo en la Tierra. Para ello han estado trabajando sobre sedimentos extraídos del desierto de Negev, en Israel. La dificultad, más que en encontrar los cristales, reside en separarlos conservando la estructura original. Hasta ahora, se extraían mediante una máquina y, al ser como imanes, se juntaban en forma de pelota. Tal vez la próxima semana, gracias a un potente microscopio electrónico de la Universidad de Vigo, Alfonso pueda observar los cristales en su aspecto de cadena. Entonces habrá llegado el momento de conseguir muestras de Marte.