Ciegos al mar

VIGO

IN VICUS | O |

04 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

AQUELLOS que hemos decidido no sumarnos a la oleada humana que se lanza a la aventura en las largas y procelosas carreteras de nuestro país o que se abandona a la esquiva suerte de coger un vuelo, podemos disfrutar de nuestra ciudad y nuestro entorno sintiéndonos tan privilegiados como los que vienen a visitarnos de otras partes de España. Y, pese a que las guías turísticas hablen mal de nuestra ciudad por su pasado industrial lo cierto es que, al pasear por algunas zonas, como el centro modernista tenemos que sentirnos orgullosos. No ocurre lo mismo cuando se traspasa la invisible frontera que separa la parte noble del resto y se hace necesario afrontar la dura realidad de nuestro urbanismo. Uno se acerca al que, en otros tiempo fue el emblemático Hotel Universal y observa con satisfacción que la restauración no ha quedado nada mal, sin embargo, ello no impide que nos invada la sensación de aprisionamiento que produce tanto hormigón. Desde la inexplicable rampa sobre el acceso al aparcamiento cuyo mirador nadie usa, excepción hecha de los adolescentes que se dedican a practicar en ella el patinaje, hasta la angustiosa construcción que acabará convirtiéndose en el innecesario Centro Comercial de A Laxe, todo contribuye a ocultar ese mar hermoso que nos rodea y que tan sólo podemos «oler». Y si, además, cometemos el terrible error de volver la vista atrás, el absolutamente inaceptable Hotel Bahía, cuyas teselas debieran de haber sido objeto de extracción obligatoria por el peligro de caída y el daño que provocan a los ojos, nos ahogará todavía más el panorama. ¿Es que los que deciden están todos ciegos o es que nunca han paseado a orillas del mar?