A vueltas con las licencias en el Concello de Camos

Javier Presas BAIONA

VIGO

P. M.

Reportaje | Diez años de luchas Ana María levantó su vivienda en el año 93. Antes ya existía el aserradero. El tiempo ha avivado un conflicto marcado por los permisos de urbanismo

10 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Los ojos de Ana María García Taboada se hinchan y lloran de vez en cuando. Conjuntivitis crónica. El aserradero de Maderas y Transportes Rafael Costas, S.L comenzó sus negocios en la parroquia de Camos en los 80. Ahora ha crecido. Y ha crecido tanto que roza la parcela de terreno de Ana María. En el Camiño da Rega, atravesando el Barrio de A Cruz, la moldurera de la fábrica de Rafael Costas se encarama sobre la pequeña casa como una torre vigía en un castillo medieval. Las consecuencias: más de diez años de conflictos. La primera denuncia de Ana María data de 1997. En aquel entonces, el concello de Nigrán reclamó una serie de medidas a las que debía adaptarse el aserradero para cumplir el Reglamento de Actividades Molestas. Esta primera acusación fue el punto de partida de un conflicto cuyo próximo episodio tendrá lugar el día 18, cuando Ana y Rafael comparezcan ante el juez para declarar en el acto de conciliación programado como consecuencia del último choque entre ambos: una denuncia de calumnias por unas declaraciones de Ana a la Televisión de Galicia. Por el camino, sin embargo, ha habido de todo. «En su día, en el concello me dijeron que no podía quejarme porque mi casa es ilegal. Pero su negocio también, porque los dos estamos en suelo rústico. No entiendo el porqué de que él ahora tenga licencia y yo no», se queja encrespada por el olvido Ana. Y es que esto, por desgracia, es lo único que parece contar a día de hoy. El aserradero de Rafael Costas cuenta con un permiso favorable, y por lo tanto vinculante, de Política Territorial, mientras que Ana María se desespera en el olvido. Papeles en regla La ley. Eso es lo único que importa. De nada sirve que Ana haya recogido más de 20 firmas de vecinos que la apoyan. De nada sirven 13 años viviendo en la misma casa ni que sus hijas sollocen en silencio por la noche. De nada sirven los juicios, las denuncias y las quejas. Y de nada sirve, por supuesto, que haya escrito al defensor del pueblo. «Le comenté al alcalde que escribí al defensor del pueblo y me dijo que muy bien, que si me había dado una palmadita en la espalda», comenta ahogada por la impotencia Ana. En Camos, como siempre, sólo importa la ley. «Él tiene licencia porque su hija iba en las listas del PIN», se queja Ana María. Y Rafael replica: «Tengo licencia. Si ella callara en su día...». Mientras tanto, las hijas de Ana María seguirán llorando de vez en cuando por las noches.