Valente, aquella su genial tristeza

PABLOS

VIGO

21 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

EDITORIALES de amplia difusión se disponen a publicar la obra completa de un poeta gallego que utilizó indistintamente el español y la lengua de nuestro país, y es hondo, sorprendente, genial, en una y otra, como lo es en su condición de ensayista, crítico y traductor. Valente, ouresano nacido en 1929 y fallecido en Ginebra en el 2000, un 18 de julio, dia odiado por él y no olvidable por todos los demás, fue un incon formista de exigencia tal que hasta resultaba insoportable en sus durísimas críticas para la obra de otros poetas, más populares que él y muy menores que él. Muy termprano, a los 25 años, ganó el premio Adonais. Tardíamente otros más importantes, como el Principe de Asturias o en Nacional de Poesía. Vivió autoexiliado o casi siempre lejos de su Galicia natal, en Almería, donde el sol era confortador para su siempre precaria salud. Solía venir por Vigo a visitar a su madre viuda, o a participar en actos literarios. La última vez, poco antes de su muerte. más que un hombre era un esqueleto exquisitamente vestido. Ahora hace años, aquel final de primavera, por el Arenal, besando a Moraima, la viuda de Celso Emilio Ferreiro, su amigo y admirado, casi el único entre sus escasísimas admiraciones. Poesía, la de Valente, con huellas de Vallejo, de Eliot, de Stefan George. Silueta huidiza él, voz quebrada, susurro su decir, siempre anunciando su muerte, que le llegó a los setenta, cuando era el mejor poeta español de su tiempo este gallego hoy univesal, que se dió a conocer con un mínimo poemario titulado «A modo de esperanza» y, amante de lo íntimo, tituló otro «Breve son» y aún un tercero «El inocente». Momento espléndido Hoy, cuando la poesía gallega está en espléndido momomento, obligado es incluir a Valente, escritor en gallego siempre, aunque, por mor de aquellas circunstancias que empezaron cuando él tenía siete años y tantos otros duraron, comenzó publicando en español, después alternando ambas lenguas y al fin esecribiendo casi en exclusiva en la lengua que aprendió de niño en aquel Ourense de Risco y Otero Pedrayo que tan hermosamente ha contado Blanco Amor en su novela «La catedral y el niño», vivero de artistas famosos o casi desconocidos, desde los Quesada a Fernández Mazas.