IN VICUS | O |
13 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.ME pregunto si a las alturas que estamos y después del escándalo de Marbella, la rebelión civil contra el PGOM de Nigrán y la enconada pelea de miles de vigueses para impedir la aprobación del de Vigo, a alguien se le escapa el poder de facto y, probablemente, a golpe de talonario o bolsas de dinero, que ejercen algunos de los que dirigen el sector inmobiliario en este país. Poder que se encuentra, paradójicamente, muy vinculado a sectores en teoría no conexos como el deportivo pero que, gracias a las fortunas que mueve con los traspasos, cesiones y "ventas", de los jugadores, han acabado por formar un matrimonio, en la mayoría de los casos, de dudosa legalidad. Sorprende que,siendo estas actividades, vox populi haya sido necesaria la actuación violenta y, totalmente reprobable, de algunos vecinos perjudicados para que los focos de la duda se hayan centrado en el alcalde de Nigrán, curiosamente, ex director del Real Club Celta de Fútbol y en el recién estrenado Presidente de esa entidad. Sin embargo, si se escarba un poco, se acaba sacando la conclusión de que, aún sucediéndose los partidos políticos en la dirección de la Corporación Municipal,el «pastel inmobiliario» es tan sustancioso que permite repartir dividendos a aquellos que se acercan a él, por lo que todos callan. Ya se sabe, mejor no remover nada, no vaya a ser que a alguien se le ocurra la feliz idea de investigar, recabar pruebas y llevarlas ante la justicia. Afortunadamente, la especulación urbanística, cual pirámide invertida, por ser muchos apoyando su peso sobre un único punto, siempre acaba por sucumbir a la ley de la gravedad o,como en este caso, a la avaricia.