Reportaje | El Vigo Pronazi El jefe de la Legión Cóndor donó un retrato de su «führer» a la ciudad en 1939 como agradecimiento por la despedida que le dispensó ésta a sus tropas
20 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.A las doce y media de la mañana del 26 de mayo de 1939, cinco trasatlánticos, pertenecientes a la organización alemana La Fuerza de la Alegría, zarpaban del puerto de Vigo con cerca de cinco mil soldados alemanes abordo. Eran los componentes de la Legión Cóndor que, desde el 5 de agosto de 1936, combatieron juntos al ejercito de Franco en su guerra contra la Constitución de 1931. La expedición militar había llegado el día anterior por tren desde la ciudad de León, donde el 23 de mayo fue objeto de un acto público de despedida que presidió Francisco Franco y en el que donaron un millón de pesetas a las familias de los aviadores nacionales muertos durante el conflicto. El periódico El Pueblo Gallego describía, en su ejemplar del 26 de mayo, cómo había sido el recibimiento del pueblo vigués a esta tropa extranjera. «Difícilmente podremos reseñar el maravilloso espectáculo que en la noche de ayer proporcionaron a la ciudad viguesa los valientes camaradas de la Legión Cóndor que vinieron a nuestro puerto para emprender el viaje de regreso a su país. Una multitud enorme se estacionó a lo largo del recorrido y con esa disciplina ejemplar y saber hacer de nuestros amigos alemanes, Vigo vivió unas horas de belleza y emoción inenarrable. La música de la Legión acompañó en su paso por las calles céntricas de la ciudad a los valientes legionarios que mezclaron es esta cruenta guerra contra medio mundo su sangre generosa con la española. El pueblo que así lo sintió, les hizo objeto de las más estruendosas ovaciones y vivas al Führer y a nuestro Caudillo. El espectáculo de los miles de antorchas fue de una belleza magnífica. Brazo en alto saludamos a los valientes legionarios de la brava Legión Cóndor, deseándoles un feliz arribo a su patria. En España, ningún buen español olvidará nunca su aportación y sacrificio por la Santa Causa que acabamos de llevar a victorioso término. Heil Hitler, Viva Alemania, Arriba España Viva el Caudillo Franco». Está escrito. Numeroso material gráfico recuerda aquel desfile por las calles viguesas, que gustó tanto a los alemanes que su jefe, el general Von Richthofen (primo del Barón Rojo, as de la aviación alemana durante la Gran Guerra) donó al alcalde vigués un retrato de Adolf Hitler. No sabemos la cara que le quedaría a Luis Suárez-Llanos Menacho, a la sazón regidor del municipio, y tampoco qué fue del retrato del austríaco más famoso del mundo. En uno de aquellos barcos, el Robert Ley , viajaba una embajada española formada por general Aranda, el contraalmirante Agacino, los generales Solchaga, García Valiño, Martínez Campos, Yagüe y Alonso Vega. Tras arribar al puerto de Hamburgo, estos militares españoles pudieron asistir el 6 de junio en Berlín a la gran parada que la Legión Cóndor dedicó a Hitler, todavía vistiendo los uniformes caquis que no se correspondían con ningún uniforme alemán. Pero las relaciones de Vigo con la Alemania nazi fueron constantes, antes y después de 1939. Durante la guerra española, el puerto era la puerta de entrada del armamento que el régimen hitleriano facilitaba a Franco. Juventudes hitlerianas En Vigo existía el Colegio Alemán, una auténtica embajada del país centroeuropeo que contaba con una unidad propia de las Juventudes Hitlerianas. Más adelante, durante la Segunda Guerra Mundial, este colegio ubicado en la calle Torrecedeira, sirvió como lugar de descanso para las tripulaciones de los submarinos alemanes que operaban en la fachada atlántica de la península. El día 8 de mayo de 1939 entraba en el puerto vigués el acorazado alemán de bolsillo Deustchland , cuya tripulación recibió numerosos homenajes de la ciudad, llegando a jugar un partido en el propio estadio de Balaídos contra una selección local. La fiesta en el Colegio Alemán más parecía una asamblea del Partido Nazi, tal como la recogen las fotografías realizadas por Vallín para El Pueblo Gallego. Pero es que entonces, Vigo era muy pronazi. Tanto que las autoridades falangistas llegaron a pedir al cónsul general de Alemania en Salamanca, 75 ejemplares de Mi lucha, de Hitler. Y varios meses después todavía le piden cien ejemplares de un discurso del führer, tal como explica Antonio Giráldez en su libro 1939: La guerra ha terminado en Vigo... Hace sesenta años .