La Mirilla
04 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Con sendas paradas previas en Laponia y Groenlandia. Sí, en efecto, el camino no parece el más directo, pero sí el más seguro. O eso es lo que piensa Chus Lago, nuestra escaladora de montañas (casi siempre heladas) más famosa. Y es que las dos expediciones al norte no son más que la antesala del inmenso reto que se ha fijado esta mujer menuda (sólo en lo físico) y correosa, a la que nada parece asustar. El objetivo es convertirse en la primera mujer que alcance en solitario el Polo Sur. Casi podemos darlo por hecho. Lo digo porque en otra cosa no, pero en ser la primera en llegar a sitios imposibles, tiene práctica. El caso es que acaba de regresar del primero de los destinos (Laponia), donde estuvo probando el equipo durante una semana. Fueron jornadas de diez horas caminando por las heladas aguas del lago Torneträsk y tirando de un trineo bien cargado. Y como si nada. «Me encontré muy bien», dice encima. Como si en vez de interminables y agotadoras caminatas estuviera hablando de un paseo militar. Quizá contribuyera a tanto bienestar la contemplación de su primera aurora boreal a 35 grados bajo cero _«dicen que cuanto más baja es la temperatura más bella es la aurora»_. Si es que hasta en eso acierta a la primera. Y también su estado anímico, que subía a base de practicar patinaje en horas muertas (?). Tiene razón Jorge Méndez, su entrenador, cuando afirma que Chus es un reto para cualquier preparador físico. Es un saco sin fondo que no sólo aguanta lo que le echen, sino que siempre pide más. Supongo que son cosas de la genética. El caso es que aunque ha sido poco el tiempo que se ha pasado en el gélido norte sueco, ha tenido oportunidad de probar el equipo, la alimentación y las fuerzas. El primero, bien _«aunque tengo que inventar algún artilugio que me corte el viento en las manos para que no se me congelen»_; la segunda, regular _«hay que hacer cambios en las dosis porque si no igual paso hambre»_, y las terceras de diez. «Estoy mejor que cuando subí al Everest» (no se pierda de vista que fue capaz de hacerlo sin oxígeno). En los últimos diez años no ha perdido ni un gramo de masa ósea ni muscular. Ésto último no lo dice ella, lo dicen las máquinas del Centro de Alto Rendimiento de Galicia, en las que acaba de someterse a una prueba de esfuerzo. Pues va a tener razón Méndez en lo de que va a ser difícil (o imposible) saber dónde tiene su límite. Porque no se crean que llegó agotada y se tomó unos días de descanso. Lo que más la cansaron fueron los vuelos. En cuanto se repuso de tanto aeropuerting, ya estaba Aloia arriba con esos esquís con ruedas con los que entrena. No quiere que nada salga mal y, sobre todo, no quiere defraudarse a la hora de la verdad. Que llegará el próximo invierno, justo cuando en el Polo Sur sea verano. Pero antes, allá por el mes de mayo, volverá a cargar los bártulos. Esta vez para hacer lo que en teatro llaman ensayo general con todo. Durante tres semanas cruzará Groenlandia de punta a punta. Será allá por mayo que, según el poeta, es cuando hace la calor. Menos en la macrohelada isla danesa, donde sólo la ven (la calor) por televisión. El escaso tiempo libre que le dejan los entrenamientos lo emplea Chus en escribir. En el último año ha puesto negro sobre blanco en folios y folios. Sólo necesita tiempo para ordenarlos y convertirlos en un tercer libro. Me temo que este año no será posible. Un poco más de paciencia.