Sensibilidad acústica

| BEGOÑA R. SOTELINO |

VIGO

CONTRAPUNTO

09 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

NO hay como ponerse en la piel del que sufre los ruídos ajenos para darse cuenta de lo que es. Que se lo pregunten, por ejemplo, a Manuel Fraga, ahora que ha ido a caer en plena movida compostelana. Si los redactores del Plan General de Vigo tuvieran debajo de su casa un bar (o cien), poniendo banda sonora musical y de beodas voces callejeras entrando en sus dormitorios sin permiso, seguro que se pensaban mejor cómo diseñar esta ciudad para el futuro de sus habitantes. Hoy en día, el ruído es una de las amenazas más flagrantes al bienestar de los ciudadanos, pero aquí parece que la política municipal se pasa por el forro las mediciones sonoras y se planifica con el mismo tino la cartografía de los decibelios que las mastodónticas edificaciones que nos esperan. Y lo peor es que sabemos que no nos espera un sky line como el de Chicago o Nueva York, sino un sinfín de bloques cutres.