IN VICUS | O |
04 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.FRENTE a la indolente felicidad consumista que disfrutamos la mayoría en estas fiestas, hay gente a la que ni, por asomo, le preocupan nuestras trivialidades. Hay muchas personas que tienen que pasar las Navidades en una cama de hospital o encerradas en sus casas convaleciendo de alguna enfermedad u operación. Y aunque es cierto que hay enfermos todo el año, es en estas fechas cuando, al ser paciente, se echa mucho más en falta el cariño de los seres queridos y se valora más la compañía de los amigos. Mucho más si se tiene en cuenta la poca «comodidad» de los hospitales de Vigo, los cuales deberían de servir no sólo para tratar dolencias y «cortar y coser» con asepsia sino para facilitar una convalecencia llevadera y una recuperación rápida. Para lograr que el paciente no sufra más de lo necesario no sólo es preciso dotar a los centros hospitalarios de los más modernos equipamientos, contratar a médicos y sanitarios en calidad y cantidad suficiente sino, sobre todo, humanizarlos. A los trabajadores y empresarios vigueses se nos detrae mensualmente casi el importe de un salario completo como aportación obligatoria a la Seguridad Social, cantidad muy importante si se multiplica por todos los contribuyentes de esta ciudad. ¿Cómo es posible pues que, con mucha menos población y, por lo tanto, ingresos, en Santiago de Compostela disfruten de un flamante y novísimo Hospital Clínico y en Vigo sigamos aguantando con un cincuentenario y decrépito hospital parcheado? ¿Será que no hemos escrito suficientes cartas a los Reyes Magos pidiendo una ciudad médica en condiciones o será que nuestra petición es demasiado localista y poco global?