ANTÍPODAS | O |
10 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.EL acto oficial del día de la Constitución en esta ciudad se vio deslucido por las ausencias. Así lo hacía notar la crónica de La Voz, refiriéndose a los huecos que se notaban en las filas de los representantes de la sociedad civil . Las más de las veces no son éstos ciudadanos normales y corrientes, sino gentes de cierta posición, cuya actividad, sea empresarial, cultural o equis, depende en alguna medida del poder. Por ello suelen comportarse en lo político como las barcas ante el viento, y enfilan en la dirección en la que intuyen que va a soplar, no el viento del pueblo ni de la historia, sino el aire acondicionado del poder que desean favorable. ¿Casualidad, las ausencias? Puede ser, pero mira que es casualidad que en medio de un proceso de cuestionamiento de la Constitución, iniciado por minorías, pero tolerado ahora por uno de los dos grandes partidos, pierda asistencia un acto dedicado a reafirmarla. Las ceremonias del estilo de la del día 6, constituyen en otros países, democracias menos inmaduras e irresponsables, una cita obligada para todos los partidos y personalidades relevantes. En ellas se renueva el compromiso con el marco legal que garantiza la igualdad ante la ley de los ciudadanos, la propiedad, la libertad y los derechos individuales y el resto de normas básicas que forman el núcleo de una nación y de una democracia. Aquí hay partidos con representación parlamentaria que le hacen el feo a la Constitución año tras año y que si tocan poder, la incumplen. La suya es esa actitud tan española de pasarse la ley por el arco del triunfo. Podían intentar cambiarla, si no les gusta, pero saben que no contarían para ese viaje con suficiente respaldo. Junto a los perennes burladores, algunos listillos avistan río revuelto y mudan posiciones. Cuidado con las corrientes, que acaban llevándole a uno donde no quiere.