La tradicional explanada viguesa continua con sus trabajos. El lunes, después de tres meses, los turismos retornarán a la zona
16 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.El metal herrumbroso de una antigua boca de riego descansa olvidado en una esquina de la plaza de Compostela. A su lado, placas de granito gris, casi blanco, se apilan de dos en dos mientras que quince metros cuadrados de acera enseñan todavía su cemento. Por suerte, la calle Reconquista aún tiene margen hasta la Volvo Ocean Race, a finales de noviembre, para ser adecentada. No se puede decir lo mismo de la calle Victoria, cuyo acceso a Carral permanece en el olvido. Durante meses se convirtió en el apeadero común de las obras albergando montañas de escombros y escavadoras. Ahora, a tan sólo dos días de su apertura al tráfico, la vía carece de cualquier tipo de asfalto o adoquín. Su habilitación, sin embargo, resultará imprescindible en las próximas 48 horas para no dejar incomunicado el Casco Vello, ya que Carral se cerrará una vez inaugurada García Olloqui. Lo mismo sucederá con Marqués de Valladares, que será clausurada cuando los turismos puedan circular por la parte de arriba de la Alameda. A pesar de la reapertura parcial del tráfico, el lunes se verán menos coches en la plaza de Compostela. Su lado norte, tradicional aparcamiento de decenas de vehículos los días de semana, se convierte en peatonal. Así, todo el tráfico del antiguo vial paralelo a Luis Taboada se desviará hacia esta calle en un único sentido de circulación, siempre contrario al marcado por las agujas del reloj. Más humanización La vuelta del tráfico, sin embargo, no significa la conclusión de los trabajos de la Alameda. Un rápido vistazo de la zona descubre un paisaje en el que el verde se difumina con el polvo. En el lado oeste, la antigua estatua del contraalmirante de la Armada, don Casto Méndez Núñez, preside un sinfín de casetas para trabajadores. Al otro, decenas de tuberías de plástico se amontonan en un recinto de 18 metros cuadrados delimitado por verjas. Al mediodía, un obrero se encarama sobre la grúa de una camioneta manteniendo el equilibrio. Trata de colocar la cabeza de una farola. Todavía quedan más de veinte por fijar. Mientras tanto, en la en la acera de enfrente otro peón sestea sobre un banco de madera, robándole al día unos minutos antes de reemprender la jornada de trabajo. Ante esta situación, los comerciantes de la zona superior se impacientan, aguardando el momento en el que puedan montar sus terrazas con normalidad a lo largo de la amplia acera de la calle Victoria. Deberán esperar, para ello, hasta el próximo mes de noviembre. Entonces, el día doce, la llegada de la Volvo Ocean Race dará por finalizados los trabajos de humanización de la plaza de Compostela. Mientras que todo se arregla, la calle Luis Taboada viste ya su nuevo decorado, ofreciendo así al público una pequeña muestra del futuro esplendor de la Alameda.