Reportaje | Baile tradicional Diez galanes con su guía y cinco «damas» participaron ayer en la ofrenda a San Roque que cada año se celebra en el crucero situado a la puerta de la iglesia
16 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.En el interior de la iglesia de San Andrés de Hío, en Cangas, la estatua de un santo reposa tranquila a la sombra de las velas. Manos, piernas, cabezas, brazos¿ multitud de figuras de cera amarillenta se consumen dando culto al personaje. Es San Roque. Ayer, en el día de su festividad, los parroquianos le honraron con el tradicional baile que cada 16 de agosto los reúne en el crucero situado a la puerta de la iglesia. Ya nadie recuerda la primera vez que la gente bailó en Hío, aunque los historiadores apuntan hacia el siglo XIV ó XV. Más de 600 años de danza. Al mediodía, decenas de personas del pequeño municipio se juntaron para ver el baile. Un buen tropel, pero algo muy íntimo. Los vecinos nunca han querido que la historia se convierta en un hecho de interés turístico. A la una, después de la misa, todos permanecían expectantes. Salieron entonces las cinco «damas» vestidas con la indumentaria del santo. Detrás, los diez bailarines. Todos varones por tradición. Todos con promesas esperando algún milagro. «Líbranos de pestes y males, Roque, santo y peregrino». Y de la lepra que, según cuentan los vecinos, asoló la villa antiguamente dando origen a la danza. Los Otero Suena la música, una gaita y un tambor. Al frente de los quince bailarines, Eduardo Otero. La primera vez que dirigió al grupo fue en el 74. Le viene de familia: antes su abuelo; y antes, todavía, su bisabuelo. Siempre los Otero. Explica el acto: «Primero está la danza. Es muy lenta y nadie sabe sus orígenes. Después, viene la contradanza, más rápida y bastante parecida a la muiñeira». Acaban todos agotados. Casi una hora de baile bajo un sol implacable. Ahora toca reposar; por la tarde, después de la misa de seis, volverán a danzar. Hacia las dos, mientras que el festejo toca a su fin, Lurdes Lorenzo Menduiña recoge sus cosas en la iglesia. Es la que representa la figura del mayordomo: la persona encargada de pedir por las casas para completar el presupuesto de la danza, una promesa con el santo, para que éste obre el milagro que esperan alcanzar sus devotos. Precisamente, el puesto de mayordomo lo ocupan vecinos de la parroquia Curiosamente, el baile de Hío tiene una gran similitud con los que cada año se celebran en Aldán y Darbo, junto con los que hace tiempo se hacía en Candeán, Lavadores y Castrelos. Sin embargo, la danza de Hío cuanta con la peculiasridad de que todos los que participan en el baile son hombres, incluso los que hacen de damas, lo que le confiere quizá un carácter más íntimo y tal vez tenga que ver con que a los lugareños no les apetezca que esta festividad pueda ser declarada de interés turístico. Todo lo contrario de lo que sucede con la música de acompañamiento: una gaita y un tambor, dado que ha sido popularizada por el grupo Milladoiro. De todos modos, dado que se celebra en plena época veraniega suele contar con la presencia de algunos visitantes foráneos, que se encuentran de vacaciones en la península de O Morrazo.