AHORA que se estrena en nuestros cines Ninette , basada en dos obras de Mihura, una de ellas, la de Ninette y un señor de Murcia, es el momento de hablar de los murcianos. Que debería de saberse, pero quizá se ignora gracias a la Logse y a la cantonalización de la enseñanza, habitan en la costa oriental de esta península. Es más, en la reciente sesión de investidura del gobierno gallego, el nuevo vicepresidente nos trasladó su convencimiento de que los murcianos y los gallegos somos iguales. Eso nos reconforta. Podemos ir a Murcia sin peligro de encontrarnos con otro tipo de seres. Los murcianos no han venido de otro planeta, o si ellos vienen de allí, nosotros también. Ahora bien, precisaría Quintana, sólo es así cuando tomamos los murcianos uno a uno. La igualdad funciona en lo individual, pero en lo colectivo, nasty de plasty. Qué sea lo colectivo, lo dejamos para otro día y volvemos a la implicación principal: Quintana desconoce la historia de Murcia, ergo la de España. Pues fue en Murcia, hacia 1873, donde se levantó la nación murciana en forma de Cantón, se extendió con ánimo de reconstruir el reino medieval, y se declaró la guerra a potencias extranjeras como Alicante. A esta expresión de sentimiento nacional, le salieron dentro otras, tal que la nación de Jumilla, autora de una bonita declaración de amenaza a Murcia. Y mientras estas naciones nacían y morían, en Galicia, nada. De resultas, que el colectivo gallego que imagina el señor Quintana tiene menos historia que el murciano. Pero él y otros de su cuerda la han tomado con Murcia para ejemplificar diferencias. Es una vieja manía. Antes de la guerra, en Barcelona, los de Esquerra y compañía llamaban a los de la CNT, despectivamente, murcianos. Como si, por no ser catalanes, fueran inferiores. Ya no se atreven a decirlo, pero la actitud continúa. closadafernandez@yahoo.es