Ceremonia

CRISTINA LOSADA

VIGO

ANTÍPODAS | O |

06 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

ANUNCIABAN la ceremonia con fanfarria. O mejor, con trompetería mediática. Iba a ser lo más moderno que se hubiera visto en Galicia desde que George Borrow, don Jorgito el Inglés, apareció por aquí vendiendo Biblias, incursión que tuvo lugar allá por el último tercio del XIX. Pues nada. Ahí estábamos como tontos, y no ilustres, ante el televisor, para comprobar hasta dónde era moderno el ceremonial iniciático del nuevo gobierno autonómico. Como tontos, pero no desavisados. Que desde Vigo, urbe algo más cosmopolita que otras, con perdón, las presunciones de modernidad se reciben con un leve regocijo. Total, que uno desconfía, o mejor, se cachondea de lo que se presenta bajo el palio de la modernidad. El que va de moderno suele hacer el "ridi", qué le vamos a hacer. La pose encubre y recubre el complejo de no serlo, y el esfuerzo por dar el pego aboca al amaneramiento. La ceremonia se quería alfombra mágica hacia el paradigma de lo moderno, pero el tapiz de colorines nos llevó en volandas a lo cursi. A una afectación rígida y fría, contenida y artificiosa, carente para más fastidio del espasmo alegre del kitsch. Era la estética desvitalizada de una élite que desea distinguirse de los gustos populares. La pretenciosidad mató la ceremonia aquella. No sé con qué derecho habían declarado sus promotores que lo moderno estaba ausente de estas tierras hasta su llegada, en carne mortal, al Obradoiro. Por no entrar en qué sea la modernidad. Ni en la contradicción de quiénes la aclaman a la vez que se reclaman de un pasado mítico y proponen retrocesos. Sociologías aparte, "moderno" es nombre de bar. Cuántos se llamaban así en los años que alegren pasaron. Aquí, el Hotel Moderno enterraría su nombre al tiempo que el edificio se modernizaba. Y es que qué antiguo es lo moderno. Tenía razón Wilde. closadafernandez@yahoo.es