Mucho vino y aún más belleza

La Voz

VIGO

La Mirilla

22 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Es el eslogan elegido por la bodega Marqués de Vizhoja para su desembarco publicitario en televisión. Como si del anuncio del año de esa marca de cava tan famosa y tan dorada se tratase, Mariano Peláez, el inventor del marquesado, organizó un gran sarao. Con artista invitada incluída: la selvática Paula Vázquez, a la sazón protagonista del spot. Por cierto, que la presentadora tiene muchas virtudes (o eso dicen) pero la puntualidad no debe de ser una de ellas. Claro que tuvo coartada. Dos para ser exactos: Peinador y su niebla y el endiablado tráfico de Vigo. Al final, una hora después de lo previsto, los invitados que sí habían llegado en hora al pazo La Moreira pudieron respirar tranquilos. Más que nada porque, por obra y gracia de Carlos Rodríguez, se abrió la espita del catering. Por cierto, estupendo. Y mientras la Vázquez repartía sonrisas y posaba solícita con unos y con otros (como una novia, que era de lo que iba vestida), el grueso del personal se tiró en plancha al jamón, el pulpo, la empanada.... Escenario privilegiado Es difícil que en un escenario tan privilegiado, lejos del mundanal ruido y rodeado de naturaleza por todas partes, salga mal una fiesta. 50 años no se cumplen todos los días, así es que no faltó un perejil. Si acaso los invitados famosos que estaban anunciados y que, al final, alguna ocupación urgente debió de reclamar su atención. Todo lo demás estaba: gaiteiros en la recepción, antorchas iluminando el jardín, orquesta en directo, fuegos artificiales... y vino a espuertas. El rey, por supuesto, fue Marqués de Vizhoja, pero también corrieron con generosidad sus hermanos menores (sólo por edad) Señor de la folla verde y Torre La Moreira. Como se puede apreciar, otra cosa no, pero inventiva para los nombres heráldicos le sobra a Mariano Peláez. De cómo acabó la cosa, no puedo dar fe, porque la tiranía del ordenador me obligó a retirarme temprano. Pero algunos estaban dispuestos a contemplar el amanecer en el pazo. Menos mal que, previsores ellos, Mariano y sus hijos, tenían preparada una flota de coches a disposición de los invitados. Por si alguno acababa un poco perjudicado. Se llama Silvia Leiro Silvosa, y desde ayer es la nueva chica Interviú de Galicia. Así lo decidió un jurado formado por personajes más o menos televisivos y hosteleros de la ciudad, que se reunieron en la discoteca Public Samil para designar a la belleza oficial del noroeste. Aunque oficial no quiere decir real, porque bellezas mayores se han visto en estas afortunadas Rías Baixas. La ganadora, tras exhibirse un poquito menos ligera de cascos que cuando le toque protagonizar reportaje en la revista Interviú, se llevó para casa un cheque de 2.000 euros. Menos suerte tuvieron Kini Estévez y Marcia María Rodríguez: quedaron en segundo y tercer puesto, lo que quiere decir que por el mismo paseillo ante el público se llevan unas gafas de sol y un reloj. El resto de las candidatas podrán repetir el año que viene, como ya hicieron esta vez algunas de las que concursaron en la edición 2005 del certamen de belleza. Y no fueron lo único repetido: la gala fue una secuela de las últimas ediciones, aunque esta vez un poco más descafeinada. La noche empezó con la cena de cada año, en la que participaron casi 150 embajadores de la hostelería nocturna viguesa y el mundo de la moda, acompañados por algún ex gran hermano local (Denís y Carla) y el catódico José Calabuig (comentarista de eso que llaman información del corazón). Y después de la cena, el ídolo local del humor de corte desanfadado (o zafio, según quien juzgue): Christian, artista, humorista y drag queen que ya el año pasado repartió chistes y bailes en la gala de Interviú. Y para acabar la jarana, las chicas, claro. Ellas estaban al final de todas la miradas. Aunque la vista pudo trabajar sin prisa: hasta cuatro veces desfilaron las aspirantes antes de que ganase Silvia Leiro, una guapa rubia, veterana en estas lides, que ahora podrá disfrutar de un cetro que ha perseguido con tesón.