Más allá de la ironía

| PABLOS |

VIGO

CUANTAS veces se ha intentado definir el humor, y cuántas, también, el intento ha fallado, desde Fernández Florez hasta Celestino de la Vega, que le dedicó todo un volumen de asedios múltiples. Fernado Quesada, humorista gráfico bien conocido es, mucho más que un «chistero», un pintor que carga y hasta anega su obra plástica de ironía. Aunque sin olvidar la ternura, que es componente imprescindible de esa inasible actitud ante la vida que es el humor. Miembro de una familia de artistas -esposa, dos hijos, tres hermanos, varios sobrinos y algún agnado más son pintores, y famosos- se adscribe a una estética neo romántica, evocadora. Es como si a Toulouse Lautrec se le hubiera impuesto el «a modiño» de los gallegos más conspicuos. Porque en la dinámica de la pintura de Fernando Quesada hay como un deliberado refreno, un quedarse sus personajes de mirones, entre desafiantes y bobalicones, como con forzada e impuesta alegría carnavalesca, porque en el fondo arrastran y hasta muestran una indecible tristeza. Un estar yéndose al otro mudo, o como si de él vinieran, fantasmas falsamente alegres, siempre jugando con la parca, como esos humildes toreros viejos de los que tanto gusta el pintor, o esos grupos de intemporalidad deliberada, sin olvidar sus Quijotes y Sanchos sombríos, pero no tétricos, y dramáticos, pero no trágicos. La exposición de Fernando Quesada en el Centro Social Caixanova es una fiesta para melancólicos. Porque melancolía hay en sus cuadros, por otra parte tan encendidament cromáticos, y un dolorido sentir que se disumula, pero no se esconde al fin, entre tanto perifollo como visten sus criaturas decadentes, de una elegancia pobretona y rancia, tan deliberada como esos colores dominantes que parecen cuajarón de sangre que se secó a la vista de todos y quiere simular aún fresco. Hay un mundo personal en esta pintura, en esas miradas estrábicas y en esos ojos vacíos. Hay, en fin, una intensa emoción en esta pintura honda y en apariencia sólo narrativa, que confirma a un artista de línea siempre bien definida.