OPINIÓN | O |
11 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.TODAVÍA queda margen para la esperanza. En Vigo aún se puede lograr que el pasado histórico y cultural no sucumba al frenesí constructivo y a la vorágine especuladora. Así, parece que la factoría pesquera romana, descubierta en el entorno de la Alameda, será salvada del hormigón para la posteridad. De momento, la intención es buena, sin embargo, llevar a la práctica el proyecto de creación de un museo puede ser complicado puesto que las arcas municipales no parecen capacitadas para afrontar el coste que supone indemnizar al propietario del solar. Pese a ello, un museo no tiene porque ser un agujero negro que sólo produce pérdidas. Aunque su finalidad principal es la investigación, preservación y proyección del patrimonio cultural puede ser concebido de forma que sea capaz de autofinanciarse. Todo es cuestión de enfoque y planteamiento. Como cualquier producto que sale al mercado es preciso crear la necesidad y el conocimiento para conseguir la demanda y la rentabilidad. Y aunque pudiera parecer que se mercantiliza la cultura, lo único que se pretende es que ésta sea conocida para que pueda apreciarse y demandarse. Un museo interactivo, dinámico, con exposiciones temporales específicas que permitan ofrecer una alternativa de ocio cultural para los días en los que el buen tiempo no acompañe o, para entretener, al tiempo que se educa a los niños, puede obtener ingresos suficientes para ser rentable. Ello por no mencionar la creación de empleo en un sector con una alta tasa de paro: los licenciados en historia. Sólo hay que ponerse a ello.