La Mirilla
02 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.No es una adivinanza. Lisa y llanamente es que el Hospital Xeral está de 50 cumpleaños. Y no es cosa de celebrar una fecha tan significativa en una única jornada. Por eso ha salpicado de actos este 2005 aunque, claro, la traca la reserva para el 16 de septiembre, que fue el día de 1955 en el que se cortó la cinta inaugural. Más que salpicadura, lo de ayer fue un chorretón. Tocaba abrir la exposición que llevan meses preparando, y en la que puede contemplarse el más variado material médico y administrativo de la época. Fue en Caixanova y no faltó casi nadie del conselleiro para abajo. José Manuel González se deshizo en felicitaciones por la muestra que, dijo, es una forma de rendir homenaje a los verdaderos protagonistas, esto es, los profesionles que pasaron por el centro, caso de los doctores Recaredo o Solla, allí presentes. Justo antes del recorrido inaugural fue el turno del profesor Carro Otero, miembro de la Real Academia de Medicina de Galicia, quien hizo un minucioso recorrido por la historia de los hospitales de Galicia. Así fue como me enteré de que el primero del que se tiene constancia, el de San Félix, se abrió en Santiago en el siglo IX. Vigo aún tendría que esperar 600 años para contar con los caritativos de La Magdalena y del Espíritu Santo. Podría ser el principio, no de un cuento, sino de la verdadera historia de los 50 años de vida interior en el Xeral. Un detenido recorrido por la exposición, nos introduce en la máquina del tiempo. Para empezar, nos da la bienvenida una maqueta a escala del primitivo edificio, con su escalitana principal y sus palmeras. Para seguir, nos topamos con material que hoy parece antediluviano, pero que sólo es de ayer. Desde la humilde jeringuilla (con su correspondiente ebullidor), hasta el primer pulmón artificial que tuvo el centro, pasando por estetoscopios de gomas rígidas, tubo de rayos X, material de sutura, goteros, uniformes o el primigenio aparato de anestesia. Y hasta un primitivo diu, de aquellos que aún fabricaban los orfebres por encargo. No faltan nóminas, contratos de trabajo, o libros de registro de antaño. Por cierto que las primeras pacientes fueron mujeres: Josefa, María, Isaura... atendidas, respectivamente, por los doctores (empezó con 38) Reboreda, Sas y Mosquera. Hubo aquel 16 de septiembre 64 ingresos para 143 camas y 215 trabajadores. Muy lejos de los 2.400 que ahora tiene y de las 653 camas. Lo dicho, un retazo de historia. Otros que estaban ayer de fiesta eran los responsables de la Asociación Síndrome de Down de Pontevedra. ¿El motivo? Pues que estrenaban sede. En la calle Portela, 48, a la que se trasladan felices. Y no me extraña, ya que con el cambio han mejorado en muchos aspectos, además del meramente espacial. Pues enhorabuena.