La Mirilla
31 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Por una vez los aplausos (y no sólo los físicos) se hicieron unánimes. La ocasión lo merecía. Se trataba de rendir homenaje a David Russell, ese maestro de la guitarra que tenemos la suerte de que viva casi en la puerta de al lado. Quedó claro que el acto no se concibió sólo para reconocer su labor como concertista (que, dicho sea de paso, le ha valido un Gramy), sino su entrega a la docencia. Dicen los que han asistido a sus clases magistrales que son un regalo. Tal vez para compensar, ayer le hicieron algunos bien sentidos. De esos que, además de no poder rechazar, le dejan a uno sin palabras. La estrella (la madre de todos los regalos que diría Norman Schawarzkopf) llegó cuando el director del Conservatorio, Esteban Valverde, le anunció que, a partir de ahora, el auditorio del centro pasará a llamarse David Russell. No menos sorprendido se quedó cuando le explicaron que también habrá unos premios que lleven su nombre, y que tendrán como destinatarios a jóvenes intérpretes. Horas antes del acto Margarita Escarpa, jefa del departamento de guitarra, estaba convencida de que David agradecería especialmente este presente, dado lo mucho que se involucra con los estudiantes. «Es un intérprete de primera fila, que vive a nuestro lado y que nos hace sentirnos especialmente orgullosos», comentaba. Y, por si quedaban dudas del respeto profesional que le merece, añadía: «Es el músico gallego con más proyección internacional». Todos coinciden en que este escocés de nacimiento y Nigranés de adopción se lo ha ganado a pulso. Dicen que no es fácil hacerse un hueco entre los grandes si el instrumento que se toca es la guitarra. Pero lo suyo estaba cantado desde el principio. Desde que el New York Times lo calificara como un «talento de extraordinaria dimensión», no ha parado de sumar premios y de agrandar su agenda, en la que apenas cabe una cita más. Baste decir que para encontrar un hueco para el homenaje hubo que hacer encaje de bolillos. Por fin un profeta en su tierra. Aunque sea de adopción. Otros que disfrutaron ayer lo suyo fueron los niños ingresados en el Hospital Xeral. La culpa la tuvo el espectáculo que, organizado por Correos, ofrecieron Payasos sin fronteras. Es el tercer año que Correos elige el hospital vigués para repartir sonrisas entre los más pequeños, incluídos aquellos que, por prescripción médica, no pudieron moverse de la cama. Ya saben que cuando Mahoma no puede acercarse a la montaña, es ésta la que se mueve. Y eso hizo la festiva comitiva, a la que se sumaron algunos jugadores del Celta. Ya se sabe los milagros terapéuticos que proporcionan las sonrisas. Pues eso. Les traduzco: La Fura del Baus contactó con la firma viguesa La Canalla para encargar parte del vestuario de su espectáculo. Dada la premura de la cosa, han usado las bases de patronaje de su última colección, compuesta por prendas desmontables, que se adaptan a cada cuerpo. No hay problema de tallas. Es su mejor invento. Están encantados de participar en el proyecto. Dicho queda.