Los agujeros del cinturón

La Voz

VIGO

Reportaje | Una larga historia, todavía sin terminar

25 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Todavía no se habían resuelto los miles de problemas causados sobre el plano con el trazado del mal llamado primer cinturón y una de las corporaciones dirigidas por Manoel Soto puso encima de la mesa la necesidad de abordar una segunda circunvalación para la ciudad. Desde que se pintó por primera vez en un papel hasta ahora, múltiples han sido los agujeros que le han salido al cinturón, que ahora además se ve incapaz de contener la tierra. Financiación. El primer escollo con el que se encontró el vial llamado a desatascar el centro de la ciudad fue el de su financiación. Príncipe y Borrell sellaron el acuerdo de construcción, pero las vacas flacas dejaron sin partidas al proyecto. En el 98 Manuel Pérez logra que Caixanova se ofrezca a adelantar 11.000 millones de pesetas para su financiación, pero el Gobierno de Aznar lo rechaza. Hasta el 2002 la obra no queda desbloqueada. Los coches tendrían que estar rodando por él desde el 2001, pero no lo harán hasta el 2006. Trazado. Desde la primera idea del proyecto esbozado por el equipo de Soto, al concretado por Príncipe, modificado después por Pérez e intentado cambiar también, sin éxito, por Castrillo, el segundo cinturón se convirtió en la obra más cambiante de cuantas se han proyectado para Vigo. Con Cascos se puso punto y final a los cambios, pese a que el propio PP vigués intentó después que Zapatero aceptase los falsos túneles en Valladares y Comesaña que antes habían rechazado sus correligionarios en Madrid. Expropiaciones. La construcción de dichos falsos túneles para evitar la división de al menos dos parroquias y la exigencia de indemnizaciones acordes con el mercado, engordaron los conflictos alrededor del cinturón. El verano del 2001 llenó de protestas y cortes de tráfico la carretera de Camposantos por parte de unos vecinos que querían más y mejor. Fomento asegura que tras múltiples negociaciones realizadas se han elevado a 35,9 millones de euros los pagos realizados a los afectados, circunstancia que sumada al presupuesto de la obra elevó el gasto realizado en la circunvalación a 108 millones de euros para sus 9,5 kilómetros. Y al final el PGOM. Cuando parecía que nada más le podía pasar al cinturón, el Concello y el equipo redactor del Plan General obviaron fijar las afecciones de terreno (cien metros a cada lado) que dicho vial debe dejar sin uso por ley. Ese olvido puso en peligro la construcción de dos polígonos industriales, pero al final Madrid hará la vista gorda.