CONTRASTES
22 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.FIESTA para el espíritu es la contemplación de la obra del pintor Luis Alcántara, quien después de pausa demasiado larga para sus admiradores, desde su anterior muestra, la expone en el Centro Social de Caixanova. Este vigués inquieto, de formación internacional, hace verdad aquella sutil aseveración de Eugenio d¿Ors, maestro de maestros en la crítica plástica, cuando sostenía que «en arte, todo lo que no es tradición, es plagio». Porque tradición, y renacentista, que es acaso con la barroca la mejor de las tradiciones posibles, hay en su pintura, rica, intimista, encendida de color y tan atemperada al mismo tiempo. Dibujante firme, preocupado por la forma, es un clásico renovado, aunque se permita libertades que al fin manifiestan que desde los tiempos que admira, los siglos XV y XVI italianos, han transcurrido varias centurias más en las que la pintura evolucionó hasta alcanzar el puro informalismo, insistiendo y decantando la abstracción, que existe en toda buena pintura, desde el románico y aún antes, en la época de los geniales ilustradores de Beatro de Liébana, que inventaron el expresionismo hace nada menos que un milenio. Rostros de evocación, objetos comunes que cobran importancia inusitada. Intimismo que se proyecta, mayusculizando lo aparentemente menor, minúsculo, en una «cocina» exquisita, reflexionada, elaborada, con el mimo de quien ama su oficio y se recrea en él. Exposición realmente notable, de uno de los valores más serios de la penúltima pintura gallega. De un artista serio, hondo, neo clásico y emocionante, que no precisa de alardes, de sorpresas supuestamente inventivas, sino que con referencias y modos tradicionales llega a la pintura, a su pintura, actual e intemporal al unísono. Es decir, clásica, en el mejor sentido de la adjetivación. Retazos de Florencia, de Roma y de Venecia, con muchas páginas del Prado, están en esta exposición que hay que contemplar más de una vez.