CONTRAPUNTO | O |
28 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.SEGURO que les han contado dos millones de veces el cuento aquel de la cigarra vaga que disfrutaba el verano tomando el sol y sin pegar palo y la hormiga currante que se dejaba los riñones y las vacaciones recogiendo manduca para el largo y cruel invierno. Como casi todo el mundo, seguro que sintieron cierta simpatía por el bichejo perezoso, que al final las pasaba canutas cuando llegaba la época de vacas flacas. Y es que uno no sabe exactamente cuando se va a acabar la alfalfa y, por eso, me temo lo peor. Cuando veo las cifras del puerto, que crece a un ritmo de vértigo, siento una agradable sensación de verano cigarril. Más que nada porque casi todo viene dado: los contenedores se multiplican en Vigo y en el resto de grandes puertos que disfrutan de la saturación del transporte por carretera. El progreso tiene demasiado de involuntario y coyuntural como para pensar que va a durar siempre. Por eso, aunque la estrategia de la hormiga toque un poco las antenas, es conveniente que empecemos a generar ya nuestras propias alternativas. Creemos espacio portuario, sí, y también nuevas opciones de futuro. Busquemos nuestra suerte. No vaya a ser que el esplendor de hoy sea el invierno de mañana, y los 10.000 millones de euros que cada año pasan por el puerto acaben en el bandullo de alguna hormiga lista que nos deje cara de cigarra.