IN VICUS
15 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.LOS lucenses han tenido que ingeniárselas para obtener el apoyo de todo tipo de instituciones para la conservación, restauración y mantenimiento de uno de los monumentos romanos más destacados de la Península Ibérica. Un absurdo conflicto de competencias entre varias instituciones paralizó, durante años, la dotación de fondos para llevar a cabo las necesarias actuaciones. En nuestra memoria está aquel movimiento de lucenses y no lucenses forrando con libros todo el perímetro de su muralla. Era su manera de defender el arte arquitectónico con el arte literario, la cultura romana con todas las culturas que han influido en Galicia, el patrimonio tangible con el intangible. El gesto fue atendido porque nadie dudaba de la importancia de un monumento declarado patrimonio de la humanidad. Al igual que hicieron los lucenses, es hora de que los vigueses despertemos del sueño de la desidia para actuar de forma decidida, práctica y moderna protegiendo y engrandeciendo nuestro patrimonio que, al fin y al cabo, es el de todos. Tenemos muchos museos que no atraen al público porque su planteamiento es erróneo, sus programas de exposiciones son aburridos y carecen de una presentación que, al tiempo, sea didáctica y entretenida. Un museo no es un almacén mejor o peor ordenado, es un fascinante lugar de descubrimiento, aprendizaje y concienciación, es el emblema de una ciudad que se siente orgullosa de su pasado y lo exhibe para transmitir su historia tanto a sus hijos como a los que no lo son. ¡Dejemos ya de construir envolturas vacías de contenido y envolvamos el patrimonio ya existente para crear atractivos museos interactivos «in situ»!