De cine

CRISTINA LOSADA

VIGO

ANTÍPODAS | O |

07 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

SUPONGO que habrán echado ya el cierre a los Multicines Centro, tal como se anunciaba en estas páginas hace una semana. Digo que lo supongo, porque al no haber pasado por allí estos días, me queda el consuelo de pensar que algún cambio de última hora ha podido propiciar la continuidad de dichas salas, que, como recordarán los veteranos, se hallaban allí donde en tiempos hubo un garaje, y antes aún, unas cocheras, que venían a ser un garaje de coches de caballos, con los caballos correspondientes. La pérdida de un cine más, aunque compensada en términos cuantitativos por los nuevos que se han abierto, confirma el curso declinante de las salas antiguas o anticuadas. Éste fue uno de los primeros minicines que se abrió, si no el primero, en Vigo, y bien poco ha durado. Imagino que ello se ha debido, en parte, a que el público prefirió las salas más modernas que empezaron a instalarse. Yo, sin embargo, prefería esa, tanto por su ubicación, como justamente por su estética, algo trasnochada, que mostraba un desaliño acogedor. Era como estar en el salón de casa. El cine, pese a los pronósticos, no está en crisis, sino que tiene más público que antes, según cantan las estadísticas, excepción sea hecha del cine español. Éste ha caído en picado, y ya le pueden meter inyección de fondos públicos, o sea, de nuestro dinero, que no se levantará el enfermo si carece de vida, o sea, de talento. Es más, un mayor grado de subvención conduce casi inexorablemente a un menor despliegue de vitalidad. Real, y no esa que impostan con premios a los amiguetes. Y no lo digo por Torrente, que es la única película española que he conseguido aguantar hasta el final. El resto me aburre soberanamente. Y de eso no tiene la culpa Aznar, aunque se empeñen.