Entrevista | Antonio Batista
30 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Tiene apenas 28 años y está sano como una manzana. No parece a priori el socio-tipo de una entidad que promueve el derecho a morir dignamente. Sin embargo, desde su cargo de secretario, Antonio Batista es una de las caras visibles de la asociación. «No hay socios-tipo. Hay personas. Jóvenes y mayores, hombres y mujeres, trabajadores y jubilados, de izquierdas y de derechas, creyentes y ateas...», afirma. _¿No me negará que es raro que un veinteañero se planteé según qué cosas? _Nadie a los 20 ni a los 30 se plantea la muerte. De hecho, también a mí me parecía una decisión precipitada. Hasta que, por pura casualidad, conocí la Asociación a través de Ramón Sampedro. Fue a principios de los 90. Primero las discusiones eran fuertes; poco a poco empecé a replantearme cosas. La idea que se tiene desde fuera sobre el tipo de gente que se asocia o que firma un testamento vital no se parece mucho a la realidad. _En unos meses Amenábar les ha dado más publicidad que en los 10 años que llevan de trabajo en Galicia. _ Mar adentro no ha hecho más que sacar a la superficie un problema que está ahí. La experiencia nos dice que las normas siempre van a remolque de la sociedad. Y la sociedad ha iniciado un debate que requiere respuestas. _¿Por ejemplo? _Pues que la Xunta cree un registro oficial de testamentos vitales. El único que existe en Galicia y uno de los pocos de España es el nuestro. Custodiamos unos documentos que tendrían que estar en manos del Sergas. Y no porque las nuestras no sean buenas, sino porque, llegado el caso, se hace necesario unificar actuaciones, de suerte que las decisiones del paciente no tengan respuestas distintas en función del médico que le atienda como ocurre ahora. Hay que regular prácticas como la eutanasia indirecta. Porque todos sabemos que se hace, pero en qué condiciones. Todos estamos de acuerdo en que la mejor forma de evitar abusos es el control.