?l túnel Beiramar-Bouzas haría posible el sueño de la circunvalación. Un conductor daría la vuelta completa a la ciudad en poco más de un cuarto de hora, sin toparse con un sólo semáforo. La ciudad lleva dos décadas hablando de cinturones que no lo son, pues están incompletos. En algunos casos no llegan ni a semicírculos. Y buena prueba de ello es la caótica circulación que padece el casco urbano. El mal llamado primer cinturón se convirtió en un corsé desde el primer momento. En su tramo inicial, de Isaac Peral a la estación de autobuses, se confunde con el entramado urbano. Luego tienen continuidad desde la avenida de Madrid hasta Castrelos, donde se interrumpe de forma brusca y se forman auténticos tapones. Diez años después, el Ayuntamiento no ha tenido más remedio que retomar el proyecto inicial para salvar con un túnel el parque de Castrelos y darle continuidad hacia el vial que lleva desde Balaídos hasta Bouzas. El llamado segundo cinturón, cuyas obras enfilan por fin la recta final, no llega en realidad a los diez kilómetros de recorrido. Para conectar el puerto con el nudo de Puxeiros, aprovecha parte del primer cinturón y parte de la autopista a Baiona. Su consecución ha llevado varios años de gestiones y no ha dejado contento a todo el mundo (los vecinos de Valadares aún suspiran por el túnel que no divida a la parroquia). Se espera, sin embargo, que represente un gran alivio para el tráfico urbano. El primer anillo de circunvalación real depende ahora del paso que ayudaría a recuperar todo el frente litoral.