Dali, siempre Dali

PABLOS

VIGO

CONTRASTES | O |

03 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

TODO, o casi todo cuanto es posible indagar, glosar, transformar, reinventar, fue motivo de atención de Salvador Dalí, el más discutido y sin duda discutible artista español del siglo XX, mas también, seguro, el más inquietante e incitador. Después de «Los dalís de Dalí», que constituyó un acontecimiento plástico hace unos meses en la Casa das Artes, Caixa Galicia nos obsequia ahora con los Nadales de catalán universal, una breve y deliciosa muestra de docena y media de pinturas de pequeño formato -tres de ellas en reproducción- que sirvieron en otros tantos años, entre 1958 y 1976, como felicitaciones navideñas de un laboratorio a médicos y farmacéuticos de España, y hoy están depositadas en el museo del pintor en Figueras. Dalís muy dalinianos, porque prima la línea, ya que, más que pinturas, son dibujos coloreados. Todo lo viejo y tradicional cobra la personalidad inconfundible del surrealista tardío pero al fin más famoso del mundo. Se trata de un surrealismo barroquista, recargado, anegado a veces de mil extravagancias, que proceden de otros artistas, pero que, como quería el maestro d¿Ors, no han sido heridos por Dalí, sino asesinados al copiarlos o inspirarse en ellos. Perspectivas infinitas, fondos abisales, árboles de ramaje alado, angélico, animales extraños. Todo eso y mucho más cabe en estas postales navideñas, a las que Dalí ha añadido una glosa, con su habitual, discursiva y casi empalagosa retórica. Es decir, todo muy Dalí, porque año tras año, el pintor fue proyectándose en estos trabajos, que constituían un reto, de seguro que muy bien retruibuido, lo que a él, y sobre todo a su inefable esposa, la llamada Gala, importaba sobre todas las cosas. No se crea que, por menores de tamaño, estas pinturas no son importantes. Al contrario, el Dalí más definidor, el que atrae, emociona y hasta irrita, está en ellas, pleno, intenso y puede que hasta repelente. Porque todo cabe en quien decidió ser un escándalo perpetuo y lo logró, en vida y tras su muerte, hace ya más de quince años.