CONTRASTES | O |
01 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.AQUEL autor norteamericano que sorprendió en 1952 a los españoles interesados por el teatro con «Muerte de un viajante», y que nos daría después otras piezas tan importantes como «Todos eran mis hijos» o «Las brujas de Salem», nos llega de nuevo con «El precio», pieza ya casi antigua del repertorio de este escritor premio Príncipe de Asturias, puesto que se estrenó en l968. La maestría adquirida por Miller le lleva a hacer hondo, e intensamente dinámico, un asunto en apariencia baladí: la difícil convivencia entre dos hermanos, uno de éxito social y otro marcado por las renuncias, mientras intentan vender el mobiliario familiar a un viejo y pícaro judío que, al fin, es un poco la conciencia y la reflexión de sus clientes. Buena traducción y dirección, ésta a cargo de Jorne Eines. Y excelente interpretación del cuarteto de personajes, enca bezado por Juan Echanove, un «animal» de escena que hace convincente cuanto aborda, sea en teatro, en cine o en televisión. Aquí, acaso por imposición del director, gesticula demasiado y precipita sus frases, en el afán de llenar la comedia con ritmo. En el teatro en que prima la palabra, lo que se dice, y Miller es un maestro en él, hay que permitir que los intérpretes se luzcan, deleitando al público que acude -y llena el aforo, en las dos funciones que dieron, hasta «el paraíso»- y aplaude largamente. Se trata de ambiciones defraudadas, de ilusiones frustradas, de orgullos absurdos. De banalidades trascencidas por un gran autor.