Para todos los públicos

La Voz

VIGO

ÓSCAR VÁZQUEZ

La Mirilla

19 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

O eso cuenta alguno de los miles (eso sin exagerar) de asistentes a la inauguración de Émbassi que, dicen (va a ser cosa de comprobarlo en persona), es la madre de todas las discotecas. Ya lo advertía la campaña de publicidad que ha precedido a la apertura. «Lo que faltaba!» reza el eslogan. Y, a tenor de lo visto (en las fotografías) y lo oído, no va nada descaminado. Les cuento: para empezar, se ha pensado en todos los públicos (de 20 a 90 años), lo cual ya es de agradecer. En consecuencia, no se han olvidado de incluir asientos, más de un centenar, que ya no es que sea de agradecer, es que tenía que figurar en los primeros capítulos de la Constitución. Dicen los propietarios que su pretensión última no es otra que presentar una oferta de ocio que no fuera más de lo mismo. Siguiendo una máxima que nunca falla Émbassi ofrece dos en uno. A saber, un planta cargadita de música dance, house y similar adobada con argumentos audiovisuales de peso: 26 pantallas de plasma, tres equipos láser de última generación y una veintena de cabezas móviles de iluminación. Desde luego, por luces no va a ser. Pero si uno no está por tanto ajetreo (vamos que hace tiempo que ha cumplido la treintena), tiene la alternativa de subir a la planta superior, marcada por una estética más latina, disco revival y afines. Jordi XXL, Mónica, Marcos y Joaquín son los dueños de las diferentes cabinas. Relojes a cero Es otro aliciente. Ya no va a ser necesario echar una cabezada en el sofá antes de salir de marcha, porque abrirán a las doce, justo después del cine o de cenar. Y nada de broncas. O eso pretenden. Porque ya no es que se reserve el derecho de admisión, que se reserva, sino que quince cámaras de seguridad vigilarán que la diversión de unos no sea la pasadilla de otros. Pudiera parecer que ya está todo. Pues no. Todavía hay más. Por ejemplo, servicio de limpieza permanente en los baños. Esto sí que será digno de ver. Porque está claro que ya nada va a ser igual si, de repente, nos asalta la visión de un retrete de discoteca limpio. Cousas veredes.