La Mirilla Hasta mediados de octubre, la sala de exposiciones del Centro Cultural Caixanova acoge cincuenta obras del pintor Cristóbal Toral, un lujo para la vista
09 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Alguien dijo que suele ser objetiva la primera impresión de quien carece de vínculos afectivos sobre el objeto apreciado. Si es así, Vigo es una ciudad progresista y modernista. Es la impresión que se ha llevado el artista Cristobal Toral. El pintor andaluz, que ayer inauguró su exposición en el Centro Cultural Caixanova, afirmó que era un amante del granito y esta, por Vigo, es una ciudad de granitos. Especialmente sorprendido quedó del Centro Cultural Caixanova y no dudo en deshacerse en elogios hacia la obra de Antonio Palacios. Hasta el 14 de octubre, los vigueses tienen tiempo para recrearse ante las cincuenta obras de arte con mayúsculas que cuelgan en las paredes de la sala de exposiciones del Centro Cultural Caixanova. Han dicho de Cristobal Toral que es la punta de lanza de la segunda generación de pintores realistas españoles, tras la primera dirigida por Antonio López. Por encima de etiquetas y corrientes, los cuadros de este malacitano de adopción muestran esa tradición pictórica en la que también militaron artistas como Velázquez, Goya o Leonardo. El espectador que se adentre en la sala de exposiciones se encontrará, en primer lugar, con piezas tenebristas, muy marcadas por las luces y las sombras, por el sepia fotográfico y por una intensa sensación de melancolía y soledad. Más adelante, se encontrará con un invento de Toral, la repetición espacial de manzanas, que puede ser una suerte de bodegón vanguardista. Pero sí algo caracteriza a este artistas son las maletas, la obsesiva presencia de maletas en casi todos sus cuadros. Dice que representan a los viajes, ese gran descubrimiento popular del siglo XX. No obstante, quizá también conlleven la metáfora de la efímera vida. Cristóbal Toral se permitió bromear ayer con diferentes asuntos, uno de ellos su aspecto físico. «Goya me cae muy bien, no sólo por su obra sino también porque todos dicen que cada vez me parezco más a él, incluso estoy perdiendo oído», dijo entre sonrisas. Curiosamente, este famoso pintor no tuvo unos comienzos fáciles. Hasta los quince años vivía en el campo andaluz, en una familia pobre. El azar quiso que unos cazadores descubrieran sus cualidades y le apoyasen en la consecución de becas de estudios. Eran los años cincuenta. Después, pasó por Bellas Artes, como estudiante y profesor. Llegaron las becas y conoció Nueva York. Ahora, su obra está en los más importantes museos y colecciones privadas de todo el mundo, desde el Reina Sofía, al Georges Pompidou. Ayer por la tarde, la exposición era inaugurada con la presencia del propio artista, la comisaria de la exposición Marisa Oropesa y los responsables de la entidad Caixanova. Tras su estancia en Vigo, la muestra recorrerá otras localidades de Galicia, de la mano de Caixanova.