CONTRAPUNTO
30 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.EN VIGO el tiempo no avanza. Sus ciudadanos viven en un bucle en el que las circunstancias se repiten tozudamente como en un tiovivo sin control. Se reclaman sin éxito durante décadas las mismas infraestructuras, se manejan durante años los mismos proyectos hasta que los presupuestos de la Xunta o el Gobierno central acaban olvidándose de ellos por aburrimiento, y se gastan hasta diez millones de euros en planos, viajes, comidas y propaganda sobre obras diseñadas en sueños y olvidadas por su roce con la realidad. Por eso no es de extrañar que lo primero que los vigueses se encuentren a la vuelta a su trabajo sean de nuevo los titulares sobre la moción de censura, la misma de la que se habla desde diciembre pasado, la misma que se antoja imposible para la gente cabal y que los políticos recuperan para darle algo de e-moción a esta ciudad que no deja de avanzar aunque sea dando vueltas.