Reportaje | Los museos de Vigo El Quiñones de León es una buena opción veraniega, aunque sofocante por su elevada temperatura interior, para disfrutar de los tesoros de la ciudad olívica
21 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Vigo cuenta con un amplio abanico de ofertas culturales, entre las que se encuentra el museo municipal Quiñones de León, situado en Castrelos. La magia del lugar en el que se encuentra lo hace diferente y más atractivo en una primera impresión. En la primera sala, de restos arqueológicos encontrados en el sur de la provincia, el paso es fugaz, como si fuera simple protocolo acercarse a echar un vistazo. Aunque los restos de herramientas, armas y piezas de piedra, con más de mil quinientos años de antigüedad, se conservan en perfecto estado, las luces y las vitrinas donde se exponen, dejan mucho que desear. La entrada al pazo es totalmente distinta, y así lo demuestran las caras de la gente. Los pasos de cada visitante quedan registrados en la madera reluciente del suelo que cruje por el calor insoportable. Los niños se fascinan con el ambiente antiguo de la planta baja, y observan con detenimiento cada detalle, como las flamantes escaleras que transportan a los visitantes a disfrutar de una vistosa colección pictórica envuelta en un clima bochornoso. El sol, que pega de lleno en el pazo, y la inexistencia de aire acondicionado en ninguna de las salas, dificulta la visualización pausada de cada cuadro. Sin embargo, las paredes están aprovechadas a la perfección con cada obra, y las viejas chimeneas del pazo, casi una por habitación, le dan un toque diferente, más personal, complementado por esculturas centrales en muchas de las salas. La visita al museo municipal contiene una parte de intriga, sobre todo para los más pequeños. Además de las dos plantas dedicadas a la pintura, desde la segunda de ellas se puede acceder, mediante unas escaleras de piedra muy estrechas, a unas pequeñas y misteriosas habitaciones cargadas de motivos pictóricos y oleadas de calor.