El Miño, «a vista de pájaro»

Monica Torres
M. Torres CERVEIRA

VIGO

MARTA MOREIRAS

Reportaje | Turismo de altura Un piloto, con cerca de 9.000 horas de vuelo, ha montado una empresa, que oferta avionetas para recorrer desde el cielo los enclaves más privilegiados de la geografía gallega

07 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Disfrutar de un paseo «a vista de pájaro» era, hasta ahora, privilegio de unos pocos. Desde este mes, cualquiera que apueste por una manera distinta de hacer turismo tiene la oportunidad de hacerlo ya que, Rafael Ochoa acaba de poner en marcha un proyecto pionero, una visita en avioneta por uno de los enclaves naturales más privilegiados y bellos del país. Desde el estuario del Miño a Tui o, si se prefiere, de ruta hasta la bahía de Baiona o a la ría de Vigo, para regresar cruzando los pueblos del interior. Desde 80 hasta 200 kilómetros por hora y desde 700 hasta 4.000 metros de altura. La oferta no puede ser más atractiva ya que no hace falta más que dejarse guiar por el experto piloto para descubrir una nueva perspectiva de la costa gallega que, con toda seguridad, sorprenderá a los más expertos en geografía local. Y es que, pese a que en España, no esté aún muy extendida esta forma de viajar; en otros países, la gran demanda ha provocado que se multipliquen las pistas de aterrizaje para avionetas. Un hecho que, con toda seguridad, también se repetirá en Galicia ya que, desde, el primer «bautizo» en el aire, cualquier viajero se «engancha». El miedo a las alturas tampoco es excusa ya que la avioneta tiene mucha más estabilidad que, por ejemplo, un helicóptero y la destreza del piloto está avalada por más de 8.800 horas de vuelo y la correspondiente licencia. Si aún queda alguna duda, podemos ampliar el currículum diciendo que tiene una escuela de pilotos en Méjico. Su pericia con las «máquinas» le ha valido ser además campeón de España de motocross o ganar la Copa Renault. En definitiva, más de 180 trofeos que atesora en su casa. Su afición por los aviones le viene de familia. Nació en A Guarda y, desde pequeño le gustó este mundillo. Su hermano ya tenía una avioneta y él empezó haciendo aeromodelismo. Con 19 años se fue a EE. UU, donde sacó la licencia de piloto comercial. Luego regresó a Madrid, hasta que, en 1981, montó una escuela de pilotos en Texas; actividad que luego trasladó a Méjico y que ahora compagina con este nuevo proyecto. De momento vive en Alicante pero confía en regresar a su pueblo natal, con su mujer y sus hijos. Además, dos de ellas han heredado su pasión por las alturas y, probablemente, sigan los pasos de su padre.