El difícil arte del consenso

VIGO

Análisis | Los problemas de un gobierno en minoría La división política del Concello vigués obliga a buscar acuerdos entre los grupos políticos para los grandes asuntos; salvo excepciones, casi nunca se consigue

17 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

La confrontación política que genera el Plan General de Urbanismo es un ejemplo palmario de las dificultades que sufren los grandes proyectos en una ciudad compleja como Vigo. Desde hace años, los sucesivos gobiernos se esfuerzan en sacar adelante un nuevo documento urbanístico, pero no lo han logrado siquiera los que dispusieron de mayoría absoluta. Posteriormente avanzaron más ejecutivos en coalición y la pelota está ahora mismo en el tejado de un equipo minoritario. Es sin duda el tema más importante actualmente a debate y la división se ha impuesto en la corporación municipal. El PP apoya el documento, el PSOE lo combate cada vez con mayor virulencia y el Bloque se supone que lo respalda pero evitar dar su opinión. Con este panorama es imposible prever el desenlace cuando todavía está pendiente la delicada fase de la exposición pública del plan. Asuntos menores La imposibilidad de alcanzar un consenso en asuntos básicos se extiende también a temas de menor trascendencia real pero que impactan a la ciudadanía. Hace cinco meses la actual alcaldesa propuso trasladar la alcaldía de Vigo a un edificio histórico del Casco Vello; pretendía darle a la oficina del primer mandatario de la ciudad una estructura y una imagen de la que carece en el desvertebrado palacio de la plaza del Rey. No lo consultó con la oposición y desde entonces todo han sido pegas desde las filas del PSOE y del BNG. Primero exigieron que la cesión del inmueble por la Xunta fuera permanente y, una vez logrado, surgieron otros inconvenientes relacionados con la prioridad del gasto, la posibilidad de trasladar otras dependencias municipales o las disfunciones para el trabajo político-administrativo que generará separar la alcaldía del resto de las oficinas. En un momento como el actual, con un gobierno en minoría y dos grupos potentes y enfrentados en la oposición, la necesidad de llegar a acuerdos es casi obligada. No se ha logrado con el plan de urbanismo ni con la nueva sede de la alcaldía, pero tampoco con la ampliación del puerto, con el proyecto Vigo 2005 o con los presupuestos municipales. La ejecución de un nuevo relleno es quizás el asunto más polémico y que más debate ha generado en los últimos años. Lo apoya el PP y estuvo a punto de sacarlo adelante mientras gobernaba Aznar, pero se topó con el rechazo de los alcaldes Castrillo y Mariño. La actual regidora intentó un acuerdo global sobre el litoral que tras el reciente triunfo de los socialistas en los generales cada vez parece más lejano. En el caso del proyecto de mejora del aspecto urbano para la copa de vela del año próximo un informe del abogado del Estado en Zona Franca complicó la vida a Corina Porro, permitiéndole sólo poner en marcha un plan descafeinado. Por último, los presupuestos. La oposición, sin decirlo claramente, ha decidido visualizar su mayoría y lleva meses mareando al gobierno popular para que presente un presupuesto que difícilmente saldrá adelante. Para evitar dudas, el PP advirtió que prorrogará el del 2003 a fin de no facilitar una moción de censura.