Quiero a las fiestas

| MIGUEL Á. RODRÍGUEZ |

VIGO

CONTRAPUNTO

10 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

NO soy sospechoso de ser un devoto de las fiestas populares. Confieso que no he logrado cogerle el puntillo a estas pachangas veraniegas. O al menos no he sabido valorar lo que algún conocido mío disfruta apretujándose con su pareja y forrando de tierra sus zapatos junto al altavoz de la orquesta, después de despacharse una tapa de pulpo y segundos antes de jugarse unos cartoncitos en la tómbola y coser a balinazos un palillo del que cuelga un mechero. Pero que sea yo un necio en esto del gozar no quiere decir que no me solidarice con las buenas gentes que sudan tinta china para reunir las perras que hacen posible este desparrame de gustirrinín. Lo que pretende la SGAE pervierte la esencia misma de las fiestas. Si Robin Hood levantara la cabeza los correría a gorrazos. La Sociedad General de Autores está pidiéndole los cuartos a quienes más justitos andan de presupuesto. Y con el pueblo no se juega.