La senda de los cruceros

José A. Rodríguez Ferreras VIGO

VIGO

IAGO DOCAMPO

Reportaje | Los caminos de Santiago en la diócesis de Tui-Vigo El municipio vigués esconde entre sus parroquias 37 muestras de la tradicional cruz que servía de guía para los peregrinos; en la comarca se aproximan al centenar

04 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Hasta 37 cruces exhiben su devota fisonomía de piedra en el municipio vigués, según el inventario que realizaron Eugenio Rodríguez y Juan Carlos Abad. Se asientan en atrios de iglesias, en cementerios, en cruces de caminos, en fachadas diversas. Unas son sencillas, escuetas, sin figura ni adorno alguno, casi sin auparse demasiado sobre el nivel del suelo o humildosamente ocultas. Pero éstas son las menos, pues la mayoría presenta trazas de obra de artesanía, cuando no de esmerada factura artística, y publicitan bien su silueta. Todas éstas últimas entrarían ya en la categoría de cruceros. Hoy día los Caminos de Santiago aparecen señalizados con una flecha amarilla que marca la dirección a seguir¿ según sus señalizadores. En otros sitios, como en la ciudad de León, son unas conchas doradas de vieira incrustadas en la acera las que marcan el trayecto. Pero éstas son versiones nuevas de algo que en otro tiempo estuvo sin duda constituido por las cruces plantadas en las confluencias y diversificación de los caminos. Que tales lugares tenían un carácter mágico (positivo de día y maléfico de noche) es creencia muy extendida, pero ya en vías de extinción. La cruz significaba la liberación salvadora, al tiempo que marcaba el camino adecuado. Ítem más: las gradas sobre las que se asienta el crucero sería también una invitación a la pausa reparadora. Son numerosos los entendidos que relacionan por todo ello la cruz con la orientación y el reposo de peregrinos y los señalan como los sustitutos cristianizadores de los menhires y luego de los miliarios de las antiguas vías romanas. Esto último encontraría perfecto reflejo, por ejemplo, en el menhir de Pontesampaio y en el miliario de San Mamede de Quintela, en Redondela que hoy reposa, por cierto, en el Museo Provincial de Pontevedra: está todo él recubierto de cruces grabadas. Esta fuerte vinculación con los caminos aparece claramente manifiesta en la ubicación de las cruces viguesas. De las 37 de las que se ha hecho alusión 20 están situadas en encrucijadas o a la vera de caminos y al menos otras 5 es más que probable que estuvieran originariamente en pareja ubicación, ya que sufrieron cambio de sitio. Pero también es evidente la relación con las iglesias, ya que 17 de ellas se asientan en proximidad de alguna e incluso en su mismo atrio. Si la vinculación con la vía de peregrinación en la actualidad no es muy abundante no debe resultar extraño, pues muchas de las antiguas cruces han ido desapareciendo por motivos muy diversos, entre los cuales no es precisamente despreciable el ensanchamiento de las carreteras. Por otro lado, la gran mayoría de las existentes pertenecen a tiempos próximos y no precisamente muy intensos en devoción peregrina. Pero no faltan en nuestro entorno indicios de tal vinculación peregrina: en Baiona uno de sus cruceros reproduce claramente la figura del Apóstol; en Arbo, en el crucero del Cristo que perdió un brazo, hay también una imagen suya; en otro de Estás, fechado en 1.905, quien aparece es la Virgen Peregrina y, según creo, el propio Santiago. En el de Covelo, del maestro Cerviño, construido en 1.899, es asimismo el Apóstol peregrino el que está representado. En el de A Laxe, de Sárdoma, es muy probable que una de las imágenes del fuste pertenezca a Santiago, aunque no se trate del peregrino, sino del Apóstol Maestro de las Sagradas Escrituras (San Roque podía muy bien ser el otro).